lunes, 19 de agosto de 2019
El pensamiento metafísico
Cada pensamiento es una energía que se presenta bajo
dos polos: positivo o negativo. Toda persona está atrapada
existencialmente entre el bien y el mal, es decir, puede
libremente ser buena o mala persona y decidir el sentido de
su vida en función de dicha primogénita elección moral en
orden a satisfacer las necesidades humanas descritas en La
pirámide de Maslow (Maslow, 1991). En la base de dicha
pirámide está la satisfacción de las necesidades básicas y de
seguridad en el orden material. Sin embargo, el excesivo
racionalismo pragmático está en el origen del actual declive
civilizatorio que ha colapsado, no solo materialmente cómo lo
demuestra este caduco capitalismo, sino también intelectual
y espiritualmente desde el surgimiento de la física cuántica.
La consecuencia de ello es que la educación tradicional del 233
viejo mundo ha quedado obsoleta pues solo contempla un
modo de saber (método científico) en vez de integrar al otro
modo de saber (el no dual contemplado por el misticismo
contemplativo) como integrador del hombre consigo mismo,
la naturaleza y la especie humana. Consecuencia de ello, la
educación academicista tradicional también está moribunda,
como he argumentado en la primera parte de esta obra.
Como pretende La educación cuántica, el nuevo mundo
debe contemplar una actualizada filosofía de la mente que
tenga en cuenta el racionalismo espiritual como nuevo
paradigma de conocimiento. La educación cuántica postula
una pedagogía orientada al empoderamiento consciente de
las personas, en línea con las escuelas activas, donde el ser
humano no se vea fragmentado por la intoxicación del
moribundo viejo mundo, y tampoco disociado de la
colectividad. Para tal fin, cabe recordar nuevamente que la
vida se nos presenta bajo los eternos contrarios: somos
sujeto y objeto, y el correcto camino consiste en la
trascendencia de esa dualidad, como bien ha aleccionado
Wilber en el anterior capítulo. El viejo mundo ha fragmentado
al individuo y ha disociado a la colectividad, pero también ha
desintegrado los cimientos de la ciencia tradicional. Quizá en
el nuevo mundo podamos integrar a la ciencia, la
profundidad intelectual de las personas y la moralidad, como
bien diferenció Kant mediante sus Tres críticas. Tal es el
objetivo filosófico por excelencia perseguido por La educación
cuántica. Quizá es hora de rescatar a la sabiduría griega en
su aplicación pedagógica bajo un esotérico entendimiento,
como han realizado Garnier y Wilber con Platón. Quizá haya
que abandonar el pensamiento único neoliberal y su
submarino intelectual el materialismo científico y, en su
lugar, hablar de un pensamiento cuántico impelido hacia una
trascendencia metafísica.
Así, como dice Garnier, hay que cuidar la pureza de los
pensamientos, pues condicionan nuestro futuro, lo mismo
que dijo Jesucristo: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. En
cuanto a la búsqueda de la verdad también dijo Jesucristo:
“Así que yo les digo: pidan, y se les dará; busquen, y
encontrarán; llamen, y se les abrirá la puerta. Porque todo
aquel que pide, recibe; y el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá”. En consecuencia, cada cual debe ser
consciente de su propio camino ascendente hacia la
sabiduría1, un camino difícil y tortuoso en el devenir de la
historia humana que, Platón nuevamente, explicó metafórica
y magistralmente mediante el Mito de la Caverna.
Para progresar por ese angosto camino, se hace
imprescindible conocer cómo actúa la ley subyacente al
pensamiento. Se dice popularmente que el hombre aprende
de sus errores y, ciertamente, así ha evolucionado la ciencia
y la cultura humana. ¿Acaso ha llegado la actual civilización
al súmmum de su evolución? Los hechos dicen que no. Todo
lo contrario, la humanidad está necesitada de una educación
cuántica que permita a las personas el empoderamiento de su
propia conciencia para poder actuar en libertad y con
conocimiento de causa, nunca mejor dicho. Solo así podrá la
humanidad librarse de los actuales tiranos que esclavizan al
planeta y sus habitantes. Por tanto, más que nunca, se hace
necesario saber cómo opera el pensamiento cuántico.
Si cada pensamiento puede ser positivo o negativo, por la
ley de la causa y el efecto también recogida por los siete
principios del hermetismo y más popularmente conocido
como karma, entonces debe producirse una consecuencia
positiva o negativa, respectivamente, en la propia conciencia
que genera dicho acto. En efecto, si nos atenemos a la ley del
desdoblamiento del tiempo propuesta por Garnier, la causa y
el efecto, la pregunta y la respuesta, se producen en tiempos
diferentes. Y es nuestra imaginación la que posibilita los
futuros deseados por cada cual. Cada uno da el mejor de los
sentidos a su vida en función de sus propias creencias,
acertadas o no. Cada cual imagina su mejor futuro posible.
“Cada cual recoge lo que siembra”.
Educación cuántica / Martos.
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