Y una verdad indiscutible, al menos para mí, es que la libertad y el saber son dos caras de la misma moneda. Sin embargo, el conocimiento es objeto de control por el “gran hermano”, es decir, manipulado por los poderes fácticos mediante la inoculación del virus de la desinformación xl (Otte, 2010) a los incautos ciudadanos. El aforismo aristotélico “El saber es poder”, nunca como ahora está siendo más evidente en la oligarquía burguesa y financiera que ha dominado el pensamiento occidental y, convirtiéndose así, en Los amos del mundo (Navarro, 2012). Cada vez son más las personas que tienen consciencia de que el conocimiento es la piedra angular para dejar de ser esclavo de un perverso sistema explotador del ser humano, incluso, surgen denuncias en forma de arrepentimiento, como la de John Perkins (2009) quien acredita haber sido un gánster económico al servicio del imperialismo estadounidense. Asimismo, la libertad es un derecho de todo hombre, quien debe estar presto a defenderse a sí mismo y preservar a los suyos contra el empuje cada vez más poderoso de los movimientos sociales exterminadores de la libertad (AlonsoFernández, 2006). El imperialismo económico ha impuesto la ley del dinero por encima de los valores humanos, allende de la libertad de los pueblos a decidir su futuro, más allá de los límites de la biosfera, socavando el derecho universal al conocimiento y secuestrando la natural libertad de los individuos. A las personas y a los pueblos le han sido arrebatados tales derechos mediante unas pretendidas libertades civiles reguladas por leyes que, también, están siendo controladas por los poderes fácticos: una cárcel en toda regla, un secuestro de la conciencia colectiva mediante el eufemístico pensamiento único neoliberal. ¿Cómo se ha llegado a dicha situación? En el último siglo ha habido más cambios sociales, científicos y tecnológicos como nunca en dos mil años atrás. No es mucho exagerar si digo que la mayoría de nosotros tenemos la sensación de vivir en un mundo tan acelerado xli, que no nos detenemos a pensar ¿quién soy?, ¿de dónde vengo?, o ¿cuál es el sentido de la vida? Es tal la degeneración pensativa ocurrida durante la postmodernidad, que se ha perdido la conciencia de clase. No son pocas las personas que niegan que haya lucha de clases. Sin embargo, la realidad se obstina en mostrar que estamos inmersos en una, de incalculables consecuencias, precisamente porque una de las clases, la de abajo, parece haber renunciado a la lucha, quizá porque se ha perdido la conciencia de pertenencia a esas clases en un intento de formar parte de las “clases medias”. Sin embargo, Warren Buffet, uno de los hombres más ricos del planeta, vuelve a poner sobre el tapete la cruda realidad al declarar: “La lucha de clases sigue existiendo, pero la mía va ganando” xlii.
Educación cuántica/Martos
lunes, 29 de abril de 2019
domingo, 28 de abril de 2019
Anacronismo filosófico
Los pensadores transpersonales tienen una característica pensativa en común: poseen un racionalismo espiritual. Sin embargo, la historia no ha sido ecuánime ni justa con esa retahíla de “activistas cuánticos” al considerar el “misticismo cuántico” como una pseudociencia y que, como defiendo en esta obra, deberían ser referidos dentro del ámbito de la filosofía transpersonal, un incipiente paradigma de pensamiento sin el pertinente reconocimiento desde una perspectiva académica e histórica. Hacer historia con las ideas es una cuestión harto difícil sin entrar en los correspondientes debates como el protagonizado entre el materialismo científico y los místicos cuánticos. Pero, ¿quién pone el reconocimiento en la historia? Dicho de otro modo, ¿cómo puede un pensador pasar a la historia? La historia es siempre cruel con los genuinos pensadores que piensan más allá del pensamiento dominante establecido. Así, por ejemplo, el pensamiento escolástico supeditó la razón a la fe, hasta que Descartes se atrevió con su “pienso, luego existo”. También el poder de los burgueses capitalistas fue puesto en entredicho por Marx, cuyo reconocimiento intelectual está siendo evidente en la actualidad (Martos, 2012b). ¿Y qué decir de la actual plutocracia que padecemos? ¿No es el egoísmo humano la causa del previsible colapso civilizatorio? Sin lugar a dudas, la enfermedad de la sociedad occidental es haber fragmentado al ego y haberlo disociado de la colectividad, una terrible enfermedad como se ha visto, y que necesita una urgente sanación como propone La educación cuántica. ¿Y no propugna la filosofía transpersonal, mediante la compasión, un cambio de paradigma en dicha condición humana, ahora totalmente desorientada existencial, intelectual y espiritualmente? ¿Quién hará justicia histórica con los pensadores transpersonales, peyorativamente desahuciados como místicos cuánticos por el materialismo científico? La controversia es siempre enriquecedora, sin embargo, no pretendo entrar en un eterno debate. Lo importante no es tener o no la razón, sino el camino como indica el Tao, pues el tiempo pone a cada cual en su sitio. Nadie está en posesión absoluta de la verdad, pero es un deber inherente a la naturaleza humana buscarla. Así es como la historia pone a cada cual en su sitio. Más investigo y más estoy convencido de que estoy reescribiendo la historia del pensamiento de nuestro reciente pasado, es decir, estoy describiendo el movimiento histórico en su verdadera razón de ser, como me hubiera gustado que me la hubieran enseñado de niño. A lo largo de mi vida he descubierto que el bien más preciado después del amor, es la libertad de pensamiento, pues solo un librepensador puede optar por el camino ascendente de la conciencia hacia la verdad.
Educación cuántica/Martos.
Educación cuántica/Martos.
domingo, 21 de abril de 2019
Psicoterapia espiritual
El pensador cuántico sabe, como dijera Platón, que “la filosofía es un silencioso diálogo del alma consigo misma entorno al Ser”. ¿Cuáles son las reglas que rigen ese dialogo pensativo? Según el doctor en física Jean-Pierre Garnier Malet, somos receptores y emisores de energía constante, un intercambio de información que permite construir el futuro. Este científico descubrió en 1988 que el tiempo se desdobla. La aplicación científica de esa teoría permite explicar el mecanicismo de los pensamientos o de la vida. Pero afirma algo más: no solo se desdobla el tiempo, sino el ser humano también, siguiendo la pauta de casi todo el universo. Quien desee profundizar en la propuesta de este científico, puede consultar su obra Cambia tu futuro por las aperturas temporales (Garnier, 2012). Dicho de otro modo, y siguiendo los fundamentos de la física cuántica, cada uno de nosotros tiene “otro yo” con quien intercambiar información, todo un asombro postulado científico que da alas al “misticismo cuántico”. Por fin, el materialismo científico ha corregido su miopía. Solo pido que, a partir de ahora, no se hable ya de “misticismo cuántico” sino, propiamente, de filosofía transpersonal. La filosofía transpersonal, aunque no reconocida en el ámbito académico tradicional, goza de cada vez más aceptación popular por los sinceros buscadores de verdad. Y el pensador precursor de la filosofía transpersonal es, por antonomasia, Ken Wilber. Así como la historia ha reconocido el mérito de grandes pensadores como Platón, Aristóteles, Descartes, Kant, Hegel, Marx, por citar solo algunos de ellos sobre los que edifico mi pensamiento, en un futuro próximo será inexorable aludir a Ken Wilber como la lumbrera que ha marcado un hito en la historia del pensamiento: busca la unión de la ciencia y la espiritualidad con las experiencias de los místicos mediante un análisis de los elementos comunes a las místicas de Oriente y de Occidente. Su obra intenta integrar la psicoterapia y la espiritualidad. Las obras de Ken Wilber tratan sobre filosofía, psicología, antropología y religión. Su pensamiento está influido por Huston Smith, Ramana Maharshi, Teilhard de Chardin, Platón, Kant, Hegel y el budismo. Digno es de mencionar que comparte con Teilhard de Chardin la intención de crear una teoría que unifique a la ciencia, el arte y la moral, tres mundos magistralmente diferenciados por Kant mediante sus Tres críticas. En 1998 fundó el Instituto Integral, un centro de estudio para investigar las distintas aplicaciones de lo que denomina un enfoque integral a la ciencia y la sociedad. El pensamiento de Ken Wilber ha sido y es una valiosa aportación en la consolidación de la psicología transpersonal, surgida esta como “cuarta fuerza” de la psicología mediante autores como William James, Carl Jung, Stanislav Grof y Abraham Maslow, por citar solo a los más representativos. Es importante incidir en que Maslow (1991) fue un pionero en establecer un marco de jerarquía de las necesidades humanas más conocido como La pirámide de Maslow. Más allá de la satisfacción de ciertas necesidades como las fisiológicas, las de seguridad, las de aceptación social y autoestima, Maslow postula a las “experiencias cumbre” como una autorrealización en la cima piramidal de la experiencia humana: es la expresión de un profundo amor, entendimiento y felicidad con los que la persona se siente más completa, viva y autosuficiente; también se tiene consciencia de la verdad, la justicia, la armonía y la bondad. Es mediante la experiencia de tales sentimientos como una persona puede lograr la autorrealización o felicidad.
Educación cuántica / Martos.
Educación cuántica / Martos.
sábado, 20 de abril de 2019
Una visión hermenéutica
Como se puede apreciar, la actual crisis mundial no solo es económica, social y política sino, eminentemente, intelectual y espiritual. Hay un problema pensativo todavía no resuelto en la historia del pensamiento y, por tanto, el problema es eminentemente filosófico y no científico. Sin embargo, nunca como ahora la filosofía está siendo denostada, arrinconada, como si careciera de capacidad para la resolución de problemas. No obstante, más que nunca, hay que reflexionar para determinar cómo sanar al ego fragmentado y disociado de la colectividad, una enfermedad que colea desde que Kant diferenció esos tres mundos –“ello” (ciencia), “yo” (conciencia) y “nosotros” (moral)-. Dicen que la filosofía insuperable es la de Marx, y por eso está siendo recuperado su pensamiento (Martos, 2012b); sin embargo, el verdadero pensamiento que no ha sido superado es el kantiano, porque todavía estamos en puertas de poder cumplir colectivamente con su imperativo categórico como un remedio seguro a la actual miseria humana. Y si nos remontamos más atrás, habrá que recuperar, cómo no, a Platón. Así, habrá que estar de acuerdo con Whitehead cuando afirmara que la filosofía occidental es una esmerada nota a pie de página en la obra de Platón. Tal es mi lectura e interpretación de la historia de la filosofía, y de ahí la intencionalidad de La educación cuántica como un nuevo paradigma de conocimiento integrador de la ciencia con la filosofía perenne. Aunque los más estrafalarios pensadores aluden al Calendario Maya como causante del cambio espiritual por venir, la postura de este filósofo es que la humanidad se halla ante un incipiente segundo renacimiento (Martos, 2012a), pues se necesita urgentemente de un revisionismo no solo intelectual, científico, social, psicológico, político y educacional, sino un revisionismo en profundidad de la historia universal. Así como Descartes rescató la razón de la fe, nos toca ahora rescatar la razón del ego plutocrático, para reorientarla hacia el espíritu. En suma, a partir del “cogito” cartesiano, la razón se despeño por el sendero del materialismo (ello), ganándole así el puesto al idealismo (yo), una eterna lucha de contrarios en el lenguaje de Heráclito. Sin embargo, con las “astucias de la razón” y “la burla de la historia” en palabras de Hegel xxxix, el materialismo científico, ahora, debe hacer un acto de constricción, muy a pesar suyo, para ceder el paso al idealismo, a los valores universales que nos se pueden ver bajo un microscopio o un telescopio, sino en la profundidad 61 de todo ser humano. De ahí la necesidad de La educación cuántica, para explicar pedagógicamente todo ello. Hay que explicar de una vez por todas que, de un modo filosófico, el materialismo científico se ha atascado con la física cuántica, quien remite al propio sujeto como objeto de conocimiento, de ahí el surgimiento del “misticismo cuántico”. ¿Están estos equivocados? Para nada, estos activistas cuánticos son la avanzadilla de tantos cambios que están por venir en las instancias sociales, económicas, políticas, intelectuales y espirituales pero, eminentemente en la conciencia de las personas. En definitiva, todo un cambio de paradigma pensativo que dejará moribundo este viejo mundo para abrazar un nuevo mundo por llegar. El “misticismo cuántico”, más pronto que tarde, deberá ser rehabilitado históricamente como filosofía transpersonal, un objetivo pretendido por La educación cuántica. Porque la historia solo la escriben los hombres, y mujeres, que se atreven a pensar más allá de su contemporaneidad, en la profundidad de las ideas por descubrir, en la búsqueda de la libertad secuestrada, porque al decir del psiquiatra y filósofo alemán Kart Jaspers: “Ser hombre es ser libre. El sentido de la historia es que nos convirtamos en hombres”. Y para tal fin humanístico, no solo hay que hacer pedagogía educacional, sino también pedagogía epistemológica, filosófica, psicológica e histórica, como se podrá apreciar de un modo hermenéutico en esta obra. El término “hermenéutica” significa “interpretar”, “esclarecer” y “traducir”, es decir, cuando alguna cosa se vuelve comprensible o lleva a la comprensión, un objetivo pretendido por La educación cuántica mediante el revisionismo de la historia del pensamiento. La humanidad ha tocado fondo en su dialéctica materialista y necesita urgentemente repensarse a sí misma, como postula la filosofía transpersonal: es el actual encontronazo intelectual entre el materialismo científico y el “misticismo cuántico”. Vuelvo a insistir: quizá ha llegado el momento de explorar un mundo que la ciencia está empezando a descubrir; quizá ha llegado el momento de explorar la mente infinita; quizá ha llegado el momento de trascender en nuestra mente cuántica. Pero también ha llegado el momento de descubrir las reglas 62 que rigen el pensamiento más allá de la razón, un pensamiento transracional que aúna la racionalidad con la espiritualidad: la filosofía transpersonal.
Educación cuántica/Martos.
Educación cuántica/Martos.
domingo, 14 de abril de 2019
La crisis de conciencia
Porque la historia del pensamiento, tan complicada como nos la han enseñado, es mucho más fácil de interpretar si lo hacemos desde una correcta hermenéutica que debe fusionar el pensamiento tradicional con la filosofía perenne. Son dos modos de saber, vuelvo a recordar en boca de Wilber (2005d), que deberían ser complementarios. Sin embargo, la historia de Occidente es la historia de la pérdida de identidad, es la historia del ego que ha perdido toda referencia del espíritu, una dictadura de la razón pragmática sobre el espíritu. Pero en su afán destructor, la razón no puede destruirse a sí misma, porque es una parte holística de la vida. Cierto es que nos podemos auto aniquilar, sin embargo, la razón siempre buscará, mediante una profunda reflexión, la salida al actual callejón al que ha llegado esta civilización. Pienso, humildemente, que el auxilio solo puede venir por parte del espíritu, donde se supone que está el amor, donde se supone que hay un Dios, o una conexión cuántica, en todo caso, es el eterno problema metafísico todavía por descubrir. Sin embargo, la física cuántica ha abierto la puerta del espíritu, y al entrar se ha dado de bruces con un cartel que ponía: “Conócete a ti mismo” xxxviii. Así, hay que estudiar filosofía perenne. Explicar ello me produce una intensa emoción mística, inefable, que solo pueden compartir aquellos lectores capaces de desgranar mis pensamientos hasta aquí. Sin lugar a dudas, la humanidad está experimentando una paradigmática evolución del “yo” fragmentado y disociado de la colectividad hacia la concienciación colectiva o “nosotros”, y en esa labor, el materialismo científico o “ello”, ha quedado obsoleto de contenidos para tal fin desde que se atascó cognitiva y hermenéuticamente con la física cuántica. Desde un punto de vista historicista, Kant mediante sus Tres críticas, diferenció magistralmente esos tres mundos - “ello”, “yo” y “nosotros”-, pero la postmodernidad no ha sabido o podido integrarlos. Así, ni el materialismo científico ni los pensadores postmodernos, han podido dar una honrosa salida en el modo de repensar este decrépito mundo, una cuestión que requiere de una honda reflexión filosófica. Efectivamente, con Kant se produce una diferenciación del “ello”, del “yo” y del “nosotros” mediante sus Tres críticas: ya no tengo que seguir automáticamente las reglas y normas sociales, es decir, puedo normalizar las normas; lo que la Iglesia y el Estado dicen no es necesariamente lo bueno ni lo verdadero. A partir de estas tres diferenciaciones de Kant, se produce un problema central en la postmodernidad: ahora que la ciencia, la moralidad y el arte han sido diferenciados irreversiblemente, ¿cómo los integramos? Le siguió una época emergente que hizo temblar al mundo y, también, contribuyó a su construcción. Kant (2007) era consciente de ello, en especial, en su ensayo ¿Qué es la ilustración?. El peligro de la diferenciación era que podían desmembrarse completamente las tres esferas. Entonces surgieron los “doctores de la modernidad”: Schelling, Hegel, Marx, Schiller, Freud, Weber o Heidegger. Todos ellos intentaron desesperadamente, de diversas formas, recoger los fragmentos que comenzaban a caer a partir de la diferenciación de las tres esferas. Ahora había que tratar “terapéuticamente” con las tres diferenciaciones, convirtiéndose en una amenazadora disociación entre biosfera y noosfera (Wilber, 2005b). Con la diferenciación de la ciencia (ello), la moral (nosotros) y el arte (yo), cada uno pudo seguir su propio camino y establecer sus propias verdades sin ser dominados por los otros. La racionalidad produjo la diferenciación y, a la postmodernidad, le toca el papel de la integración. Así fue como Habermas (1987), con su obra la Teoría de la acción comunicativa, intentó la integración de las tres esferas. El “Ser-en-el-mundo” de Heidegger fue también otro intento. Foucault también trabajó en la misma línea de integración. Pensemos lo que pensemos de estos intelectuales, la cuestión es que todos han propuesto soluciones para la integración del “ello” (ciencia), el “yo” (el arte) y el “nosotros” (la moral). La postracionalidad tiene la misión de ser una visión integradora, lo cual dista todavía de concretarse, aunque Wilber apunta hacia ello con su concepto de Visión-lógica: “La naturaleza dialéctica de la visión-lógica, es decir, la unidad de opuestos concebida mentalmente (como “interpenetración mutua”) es una de las señales de la estructura integral, es intrínseca a la conciencia aperspectival emergente” (Wilber, 2005b).
Educación cuántica.
Educación cuántica.
lunes, 8 de abril de 2019
Hacia un revisionismo humano
Con todo lo argumentado hasta aquí, creo tener el derecho a afirmar que hay que realizar un revisionismo científicofilosófico y dotar así de contenido al “misticismo cuántico” mediante la filosofía transpersonal. También hay que realizar un revisionismo intelectual del pensamiento único neoliberal, una tarea magníficamente emprendida por el periodista español Ignacio Ramonet (2008) como emblemático propulsor del movimiento antiglobalización. Y, cómo no, hay que realizar otro revisionismo más importante, a saber, el de la psicología humana mediante la “cuarta fuerza” del movimiento transpersonal. ¿Cómo enseñar todo ello? Como no podía ser de otra manera, mediante un revisionismo de la educación tradicional en favor de La educación cuántica. Entonces, si hay que cambiar tales estructuras psicológicas, sociológicas y filosóficas, ¿no se halla la humanidad ante un cambio de paradigma como jamás visto en la historia desde el primer renacimiento humanístico? Es la física cuántica quien ha abierto la espoleta que afecta al genuino pensamiento filosófico, al nihilismo científico, a las relaciones sociales y, sobre todo, a la profundidad espiritual de las personas. ¿Se halla la humanidad ante un segundo renacimiento xxxvi donde el “pienso, luego existo” ahora debe, inexorablemente, converger hacia el “nosotros” kantiano, magníficamente expresado en su imperativo categórico? Si es así, como presumo, podríamos afirmar que la humanidad del siglo veintiuno está atrapada en el pasado, como si de una película retrospectiva se tratara, entre Descartes y Kant, como que más que avanzar, estamos retrocediendo pensativamente hablando, aunque disfrutemos de la más excelsa tecnología. ¿Quién va revisar dicha historia y entonar el mea culpa? Evidentemente, es ontológicamente imposible. Al menos, permítaseme que la historia del pensamiento, en los términos aquí explicados, pueda ser instruida de un modo sencillo a las futuras generaciones, de ahí la necesidad de La educación cuántica. Por tanto, Kant está más vivo que nunca. Los materialistas científicos no deberían descargar las tintas sobre los “místicos cuánticos” sino sobre la propia historia occidental, quien no ha resuelto el pensamiento tradicional surgido de la racional-modernidad. Descartes ha muerto, metafóricamente hablando. Y Kant está más vivo que nunca. El imperativo categórico kantiano, nacido en la razón y con una finalidad eminentemente moral, tiene tres formulaciones: “Obra solo de forma que puedas desear que la máxima de tu acción se convierta en una ley universal”; “Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin, y nunca solo como un medio”; “Obra como si por medio de tus máximas, fueras siempre un miembro legislador en un reino universal de los fines”. Es en este rescoldo de la historia del pensamiento donde se está produciendo la metamorfosis del primer renacimiento humanístico (razón) hacia un segundo renacimiento humanístico (espíritu) (Martos, 2012a). La razón ha quedado conmocionada al estrellarse en el estudio de la materia mediante la física cuántica, lo cual ha producido un giro copernicano en la mirada desde el “ver para creer” al “creer para ver”, desde el método científico a la fenomenología xxxvii, desde el racionalismo pragmático al racionalismo espiritual, desde el materialismo científico al misticismo cuántico, desde el neoliberalismo al altermundismo, desde la psicología tradicional a la psicología transpersonal, desde la filosofía tradicional a la filosofía transpersonal, y cómo no, de la educación tradicional a La educación cuántica. Tantos cambios de paradigmas implican un revisionismo humano, vislumbran la necesidad de una renovada epistemología véase el esquema epistemológico en el prólogo- y, por ende, una reinterpretación de la historia del pensamiento.
jueves, 4 de abril de 2019
Cambio de paradigma educativo
Es oportuno e importante hacer una diferenciación pedagógica entre las escuelas tradicionales y las escuelas activas. Mientras que en la escuela tradicional prima el aprendizaje memorístico, en la escuela activa se imparte un aprendizaje comprensivo, crítico y multidisciplinar. En la primera, la relación entre maestro y alumno es de autoridad y pasiva recepción de conocimientos, respectivamente. Sin embargo, en la escuela activa, se plantea el aprendizaje a partir de las necesidades e intereses del alumno, siendo el maestro un acompañante participativo en la construcción del conocimiento. En la escuela tradicional se hacen exámenes. Sin embargo, en las escuelas activas, se evalúa el progreso del alumno de manera global, no por área y materias, sino por medio de acuerdo de las normas entre todos, es decir, consenso frente a la actitud represiva de la escuela tradicional. De la anterior disyuntiva pedagógica, puede aseverarse que estamos presenciando una evolución holística desde la educación tradicional hacia La educación cuántica. No obstante, lo más importante queda por hacer, de ahí la presente propuesta como “educación cuántica” desde el ámbito de la filosofía transpersonal. Siguiendo dicha línea argumental, defiendo vehementemente que la filosofía transpersonal y la psicología transpersonal se constituyen en una ciencia de la conciencia. La psicología transpersonal tiene como objetivo el estudio de los potenciales más elevados de la humanidad y del reconocimiento, comprensión y actualización de los estados de conciencia unitivos, espirituales y trascendentes. La psicología transpersonal posibilita la trascendencia del ego y sanar así los posibles problemas que nos limitan de forma consciente o inconsciente. Por tanto, la psicoterapia transpersonal es una herramienta excelente para promover la evolución de la conciencia desde el mundo de las sombras al Mundo de las Ideas, como propone Platón en el Mito de la Caverna. Para dicha meta, la psicología transpersonal es una excelente herramienta de trascendencia para dar un salto en un nuevo campo de la conciencia. Pero, probablemente, no sería necesario sanar a las personas si dispusiéramos de una educación cuántica en los términos defendido en esta obra. Como aseverara el matemático griego Pitágoras: “Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres”. La educación cuántica sería el antídoto perfecto contra el pensamiento único neoliberal, una revolucionaria pedagogía que quedaría complementada en la praxis social por el movimiento altermundista manifestado en el Foro Social Mundial que se celebra desde el año 2001. La educación cuántica y el movimiento altermundista están inherentemente relacionados: la primera propugna una evolución holística del “yo” hacia el “nosotros” mediante la fuerza del saber y del amor y, el segundo, evidencia una incipiente conciencia social del “nosotros” como revulsivo a la egolatría plutocrática, quien está en el origen de la actual estafa a la humanidad eufemísticamente llamada crisis. La educación cuántica desde dentro de las personas y el movimiento altermundista desde una estructura organizativa externa son, probablemente, los dos fundamentos epistemológicos para el cambio de era: pedagogía y movilización. Más que nunca, es necesaria una renovada pedagogía para la humanidad: la filosofía transpersonal en el ámbito intelectual, la psicología transpersonal en la trascendencia psicológica y espiritual de las personas, el movimiento altermundista en lo social y La educación cuántica en el ámbito académico. Esos nuevos paradigmas propugnan, inexorablemente, un revisionismo humano en profundidad.
Educación cuántica.
Educación cuántica.
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