jueves, 28 de marzo de 2019

Hacia lo transpersonal


En ese orden de importancia, es un deber también citar al
doctor en Física teórica por la Universidad de Viena, Fritjof
Capra (2000), autor de la obra El Tao de la física, un best
seller que supuso el punto de partida de numerosas
publicaciones sobre la interrelación entre el universo
descubierto por la física moderna y el misticismo antiguo,
principalmente oriental. Capra considera que en el intento
por comprender el misterio de la vida, el ser humano ha seguido diferentes caminos, entre ellos el del científico y el
del místico. Fritjof Capra plantea que los conceptos de la
física moderna llevan a una visión del mundo muy similar a
la de los místicos de todas las épocas y tradiciones. La
finalidad de la obra El Tao de la física es explorar la relación
entre tales conceptos, motivado por la creencia de que los
temas básicos que utiliza para comparar la física con
el misticismo serán confirmados, más que invalidados por
futuras investigaciones: un objetivo pretendido por La
educación cuántica.
Hay una retahíla de científicos, muchos de ellos físicos,
cuyos pensamientos han sido peyorativamente catalogados
en el “misticismo cuántico”: es toda una afrenta al genuino
pensador místico por parte del materialismo científico.
Recordemos en este sentido que la dicotomía entre ciencia y
misticismo son dos modos de saber, como ha argumentado
Ken Wilber (2005d) en su obra El espectro de la conciencia. El
gran mérito de los mal llamados “místicos cuánticos” es
haber integrado la racionalidad con la espiritualidad, un
racionalismo espiritual adoptado como filosofía transpersonal,
en contraposición a la filosofía tradicional del pensamiento
occidental, y que ha desembocado en la disciplina
“transpersonal” como “cuarta fuerza” de la psicología. Dicho
pensamiento tiene su máximo exponente científico-filosófico
en la obra Sexo, Ecología, Espiritualidad de Ken Wilber
(2005b). Sin embargo, existen iniciativas desde el ámbito de
la psicología académica para integrar lo “transpersonal” como
objeto de estudio serio y científico, como acredita la revista
Journal of Transpersonal Researchxxxiv, integrada en la
Asociación Transpersonal Europea (EUROTAS)xxxv. En el
ámbito universitario, es digna de mención la tesis doctoral de
Iker Puente titulada Complejidad y psicología transpersonal:
Caos y autoorganización en psicoterapia, encuadrada dentro
del programa de doctorado “Percepción, Comunicación y
Tiempo” del departamento de Psicología Básica, Evolutiva y
de la Educación, en la Universidad Autónoma de Barcelona.
Los escépticos no deberían intentar desacreditar las ideas
del que escribe esto sin antes probar una embestida
intelectual hacia Ken Wilber, un prolífico pensador que ha
sido comparado, ni más ni menos, que con Kant. Todo un reto para el movimiento escéptico por denostar un
racionalismo espiritual que, ahora, tiene su máximo
exponente epistemológico con la viabilidad de La educación
cuántica como nuevo paradigma de conocimiento, y que de un
modo pedagógico busca el empoderamiento del ser humano
más allá de las creencias establecidas tal como pretende el
físico y profesor Carlos González (2011) así como las
conocidas como escuelas activas.

Educación cuántica.

lunes, 25 de marzo de 2019

“Misticismo cuántico”


En el ámbito de la filosofía también tenemos nuestros
propios contrarios: la filosofía transpersonal -cuyo
emblemático embajador es Ken Wilber- en contraposición a la
filosofía tradicional (como siempre, los contrarios de
Heráclito). Por filosofía tradicional debe entenderse el cuerpo
de conocimientos que se iniciaron con la filosofía moderna
hasta llegar a la postmodernidad y concluyeron en la filosofía
contemporánea. La filosofía tradicional es una contraposición
historicista por trascender mediante la reciente filosofía
transpersonal propugnada por Ken Wilber. Esta filosofía
tradicional ha desembocado en el pensamiento único
neoliberal que ha secuestrado a la racionalidad colectiva
expresada en las democracias occidentales, sometiéndolas a
una plutocracia (Martos, 2012b).
La anterior reflexión conlleva una grave consecuencia
cultural que pasa desapercibida para la mayoría de
ignorantes en estos lares intelectuales: del mismo modo que
la filosofía escolástica supeditó la razón a la fe, el
economicismo neoliberal ha sometido la razón al servicio de
la fe ciega en los mercados; sin embargo, la filosofía
transpersonal, al reincorporar la espiritualidad en la razón
humana, es una renovada visión y una superación
paradigmática de la filosofía tradicional (Martos, 2010). Del
mismo modo, dicha profundidad pensativa también está
presente en La educación cuántica, un emergente contrario a
la educación tradicional, en mi opinión, obsoleta esta última
como garante de una necesaria regeneración humana. Pero
no solo debemos hablar de La educación cuántica y de la
filosofía transpersonal, sino que es menester recordar que,
frente a la psicología tradicional, se está irguiendo, una vez
más, otro contrario, a saber, la psicología transpersonal como
“cuarta fuerza” tras el conductismo, el psicoanálisis y la
psicología humanista.
Así, la esencia defendida en mis postulados filosóficos es
que la filosofía transpersonal y la psicología transpersonal se
constituyen en un asesoramiento filosófico como ejercicio
científico sobre la conciencia y contemplado como un nuevo
paradigma de conocimiento en La educación cuántica.
La filosofía transpersonal y psicología transpersonal como
nuevo paradigma de conocimiento apenas han surgido hace
algunas décadas, mayormente popularizado por las obras de
Ken Wilber, entre otros. Sin embargo, hay una tendencia
peyorativa a considerar dicho paradigma como un
“misticismo cuántico”, en referencia a la combinación de los
conceptos del misticismo oriental y la física cuántica,
encuadrando ese pensamiento como una creencia
pseudocientífica por parte del ortodoxo materialismo
científico.
Los escépticos hablan de “charlatán cuántico” para
descartar la creencia de que la teoría cuántica aprueba
creencias místicas. Sin embargo, el misticismo -tanto oriental
como occidental- está inherentemente relacionado a la física
cuántica tal como queda acreditado por cada vez más
científicos (Wilber, 2013), como se ha visto y se verá. De un
modo imperceptible para la mayoría, la humanidad se halla
ante una fusión entre la espiritualidad oriental y la
racionalidad occidental, magníficamente integradas por Ken
Wilber en un sistema de pensamiento que ha sido traducido
a más de veinte idiomas y cuyas obras han vendido millones
de ejemplares (Wilber, 2005b).

viernes, 22 de marzo de 2019

Más filosofía, por favor


Así, la filosofía, a través de diversos pensadores entre los
que me incluyo, está reivindicando su razón de ser, la cual
ha sido denostada por los poderes fácticos y reducida a su
mínima expresión por el materialismo científico que, en su
miopía, ha despreciado a la reflexión filosófica, por
antonomasia, la genuina buscadora del saber. Ahora, dicho
materialismo científico está siendo puesto en duda, no solo
por pensadores de la talla de Ken Wilber, sino por una retahíla de “activistas cuánticos” que asumen que la
conciencia no procede de la materia, sino que esta es el
soporte para la expresión y expansión de aquella. Desde el
surgimiento de la física cuántica, la conciencia ha sido objeto
de atención desde diferentes disciplinas científicas y, cómo
no, también desde el ámbito de la filosofía.
La evolución holística en la naturaleza también afecta al
paradigma científico: se ha realizado la transición desde la
“física clásica” a la “física cuántica” (dos opuestos más, como
postula Heráclito), pero sin que el racionalismo pragmático,
sobre todo alentado por el movimiento escéptico al servicio de
los poderes fácticos, se avenga a admitir de la existencia de
su contrario el racionalismo espiritual. El racionalismo
pragmático alentado en esta artificiosa crisis globalizada, está
agonizando ante un emergente racionalismo espiritual: lo viejo
no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer. El
racionalismo espiritual es un nuevo paradigma de
conocimiento que integra la racionalidad y la espiritualidad,
una manifestación que se da en la conciencia y que, por
tanto, requiere específicamente de una ciencia de la
conciencia más allá del reduccionismo materialista, hacia la
profundidad hermenéutica (Martos, 2016). ¿Qué culpa
tenemos las pensadores espirituales si es la propia ciencia
quien ha puesto, como se diría popularmente “a huevo”, ese
nuevo paradigma de conocimiento desde el surgimiento de la
mecánica cuántica?
El “sesgo moral” está creciendo exponencialmente en aras
de un empoderamiento de la conciencia colectiva, pues el
conocimiento sin moralidad es la causa del derrumbamiento
de la actual civilización. Si damos alas al “sesgo científico”
sin un control moral por parte de los ciudadanos, estaremos
a un paso de la implantación subcutánea de un microchip
para un mayor y mejor control por parte de los poderes
fácticosxxxii. El “sesgo científico” ya está siendo utilizado para
el control de Internet, es decir, de nuestras comunicaciones y
pensamientos como lo demuestra el reciente espionaje
mundial realizado para la NSA estadounidense. Así, la
información se ha convertido en un tráfico de influencia para
los intereses plutocráticos (Serrano, 2010). Definitivamente,
el “sesgo científico” (saber) y el “sesgo moral” (libertad) son
indisociables, como dos caras de la misma moneda.
Toda persona que defienda, auspicie, propugne, aliente y
viva por la difusión gratuita del conocimiento así como la
libertad para toda la humanidad, está estableciendo una
conexión cuántica con la más alta energía vibratoria que
mueve a nuestro mundo y, probablemente, al universo
entero: el Amor, con mayúscula. Cuando dicho amor por el
conocimiento y por la libertad se plasma en la educación, se
puede, entonces, hablar de “educación cuántica”, una actitud
pedagógica que busca el empoderamiento consciente de los
alumnos, una tarea magníficamente emprendida por el físico
y profesor Carlos González (2011).Este profesor de física está
estableciendo las bases de La educación cuántica,
actualmente una Educación prohibida, como magníficamente
expone dicha película-documentalxxxiii. En este respecto, la
educación académica tradicional, está quedando obsoleta y
requiere de una nueva mirada pedagógica acorde a los
nuevos tiempos cuánticos. Si a ese campo cuántico se le
añade la necesaria renovación moral y espiritual, tenemos así
el fundamento epistemológico para poder hablar de La
educación cuántica.
Acaba de nacer un nuevo paradigma: La educación
cuántica, en contraposición a la educación tradicional
(nuevamente los contrarios de Heráclito). ¿Por qué es factible,
a día de hoy, hablar de La educación cuántica? Responder a
ello requiere una mirada retrospectiva en la historia reciente
a través de una filosofía crítica, es decir, como pensamiento
divergente y alternativo al pensamiento único neoliberal que
ha dominado la reciente historia de Occidente.

miércoles, 20 de marzo de 2019

El despertar de la conciencia


Como se ha visto anteriormente, la mente cuántica (Torán,
2011) evidencia que la humanidad se halla ante nuevas
reglas del pensamiento que la ciencia todavía no ha
descubierto su funcionamiento pero que, posiblemente, están
presentes en el conocimiento esotérico de la filosofía perenne,
como se tratará de evidenciar en este ensayo. Por otro lado,
hay cada vez más personas con una visión holística de la
naturaleza, que sienten una profunda simbiosis con todo lo
existente en este y en otros mundos, que dirigen su mirada
hacia el interior y que propugnan una recuperación de los
Derechos Humanos violados por un corrupto sistema
capitalista donde siempre pierden los de abajo. En suma, son
personas cuyo ego es trascendido mediante un racionalismo
espiritual, expandiendo así su conciencia personal hacia la
conciencia transpersonal y colaborando en la evolución
holística de la noosfera.
La aprehensión de lo anterior no se da exclusivamente en
la comprensión cognitiva, sino que viene acompañada de una
experiencia espiritual conocida como despertar de la
conciencia, un sendero que el inconmensurable Platón nos
dio a conocer a través del Mito de la Cavernaxxx. El camino
ascendente de la conciencia hacia la sabiduría se postula en
la cuarta parte de este ensayo como un corolario que
posibilite vislumbrar la salida del mundo de las sombras.
Como el esclavo liberado que ha visto la luz, hay que retornar
al mundo de las sombras para contagiar de la buena nueva a
los demás ignorantes esclavizados a un caduco sistema de
creencias, todo un reto para los actuales “activistas
cuánticos” que tienen que luchar contra una poderosa masa
crítica artificiosamente manipulada e inducida hacia La
sociedad de la ignorancia (Mayos et al., 2011).
¿Cómo llevar a cabo tal tarea de alumbramiento cognitivo
y espiritual? Ni más ni menos, con una actitud pedagógica
como pretende La educación cuántica. Esta actitud pedagógica, bien entendida, puede considerarse como un
Asesoramiento Filosóficoxxxi, un movimiento en expansión
principalmente popularizado por el filósofo Lou Marinoff
(2011) con obras como El poder del Tao, en la que indica que
la sabiduría taoísta puede restablecer el equilibrio en las
relaciones humanas precarias, promover la calma ante la
enfermedad y la muerte, y capacitarnos para ser mejores
ciudadanos y líderes más sensatos. Armonizando la
naturaleza y el sustrato humano, el Tao nos enseña a
alcanzar nuestro verdadero potencial y a evitar la envidia, la
avaricia y la ira. Más allá de la transformación de la vida de
los individuos, el Tao contiene la promesa de una nueva era
dorada de prosperidad, paz y fomento de la cultura.
Nuevamente, se aúnan enseñanzas perennes con nuestro
modo de vida occidental. Pero desde el asesoramiento
filosófico también se recurre a filósofo tradicionales como
Platón, así, Marinoff (2010) en su obra Más Platón y menos
Prozac, nos invita a combatir los problemas y dificultades
cotidianos mediante la filosofía como una forma de vida más
que como una disciplina, y nos propone recurrir a ella para
alcanzar un mayor equilibrio interior. En dicha obra, este
pensador recurre a los más importantes filósofos de la
historia -Platón, Sócrates o Kant, entre otros- para encarar
las principales cuestiones de la vida, como el amor, la ética,
los otros, la muerte y los cambios. Un libro que demuestra
que la filosofía puede ser una buena opción para entender el
mundo, comprendernos a nosotros mismos y lograr una vida
más satisfactoria.

domingo, 17 de marzo de 2019

La mente y el campo cuántico


A la vista de todo lo anterior, se puede afirmar que ciencia
y espiritualidad, más que abrirse una brecha entre ambas,
están aproximándose la una a la otra gracias a las
investigaciones de los propios científicos, Amit Goswami, Pim
van Lommel, Alexander Eben, José Miguel Gaona, entre
otros muchos como se verá, y que vislumbra un nuevo
paradigma de conocimiento todavía por descubrir, y cuya
reglas habrá que escribir.
El objetivo de esta introducción es argumentar que la
mente y el campo cuántico están cada vez más cerca de una
percepción cognitiva como jamás ha habido en la historia de
la humanidad, salvo quizá, en algunas de las antiguas civilizaciones desparecidas que dejaron suficientes legados
arqueológicos y sapienciales de un conocimiento superior al
actual estadio civilizatorio. Tal vez siempre, la mente y el
campo cuántico hayan estado conectados, pero pocos han
podido acceder a él. El conocimiento esotérico tiene ahora
una reformulación científica gracias a la física cuántica: el
racionalismo pragmático está conectando con su contrario, el
racionalismo espiritual. Hasta los científicos más ateos están
experimentado el racionalismo espiritual. En este sentido,
conviene recordar Cuestiones cuánticas de Ken Wilber (2013),
una recopilación de escritos místicos de los físicos más
famosos del mundo. Son unos escritos místicos de los
científicos más eminentes de nuestra era, los padres
fundadores de la relatividad y de la física cuántica. Todos
ellos, con un lenguaje asequible y ajeno a la terminología
técnica, expresan su convicción de que la física y la mística,
de alguna manera, son complementarias. Son cada vez más
los científicos que escapan de la exclusiva mirada del
materialismo científico y abrazan a la espiritualidad.
Para el lector deseoso de seguir investigando sobre la
mente y su relación con el campo cuántico, recomiendo la
lectura de Deja de ser tú. La mente crea la realidad, una obra
del bioquímico Joe Dispenza (2012) quien, a través de la
física cuántica, la neurociencia, la biología o la genética,
pretende enseñar cómo dar el salto cuántico que requiere
romper con los límites de la realidad objetiva. Quizá ha
llegado el momento de explorar un mundo que la ciencia está
empezando a descubrir. Quizá ha llegado el momento de
explorar la mente infinita. Quizá ha llegado el momento de
trascender en nuestra mente cuántica (Torán, 2011). En esa
dirección, la psicología transpersonal es una excelente
herramienta de trascendencia para dar un salto en un nuevo
campo de la conciencia, hacia una evolución holística desde
el ego al “nosotros” kantiano, un cambio de paradigma del
neoliberalismo al altermundismo, en suma, se trata de una
mirada hacia el interior del individuo, una recuperación de
los valores humanos violados por un corrupto sistema
capitalista donde siempre pierden los de abajo al quedar el
ego de las personas fragmentado y disociado de la
colectividad.
Una última observación en esta introducción. Soy
consciente de la dificultad cognitiva de este ensayo: es un
pensamiento complejo (Morin, 1994), en el específico sentido
acuñado por el filósofo francés Edgar Morin. El objetivo
pedagógico pretendido con La educación cuántica, es hacer
verdad lo dicho por este pensador contemporáneo: “Educar
para comprender las matemáticas o cualquier disciplina es
una cosa, educar para la comprensión humana es otra; ahí
se encuentra justamente la misión espiritual de la educación:
enseñar la comprensión entre las personas como condición y
garantía de la solidaridad intelectual y moral de la
humanidad”. Esa perspectiva pedagógica propuesta por
Morin está incursionando en la educación, véase en este
sentido la obra del físico y maestro Carlos González (2011)
titulada Veintitrés maestros, de corazón: un salto cuántico en
la enseñanza. Una interesante sinopsis de dicha obra:
Un maestro decide crear un ambiente mágico en
su clase para empoderar a sus alumnos. Les ayuda a
descubrir los enormes potenciales que habitan en su
interior. Les revela un mundo más allá de la mente
programada y de las creencias. Para llevar a cabo su
proyecto el profesor emplea curiosos trucos. Poco a
poco, cada alumno se convierte en su propio
maestro, en una fuente de conocimiento para él y
sus compañeros. La vida se torna mágica: pueden
vivirla desde su corazón. Se plantea un modelo de
enseñanza que se basa en descubrir la fuerza
interior. Hoy puede ser ciencia ficción. Tal vez una
semilla, pero si la nutrimos puede generar una forma
totalmente nueva de enseñar, en la que el ser
humano deja de sentirse víctima, para sentirse el
creador de su propia vida.

sábado, 16 de marzo de 2019

11 Leyes de Frecuencia Superior


  1. Ley de frecuencia y vibración:Somos fuentes de energía en constante vibración y en una determinada frecuencia. Todo en el universo esta vibrando a una determinada frecuencia, y dependiendo de ésta, será más o menos densa su materia. Nuestro planeta es de por sí un orbe de baja densidad, por ello somos seres físicos. Nuestras emociones influyen en nuestra vibración, siendo el miedo la frecuencia más baja y el amor la más alta. Todas las bajas vibraciones, están relacionadas con sentimientos y pensamientos negativos, ellos harán que bajes tu frecuencia y por defecto tu universo se amolde a este estado, si por el contrario tus emociones son positivas, eres alegre, amable y empático, elevarás tu frecuencia y vibración. Las frecuencias están divididas en grados de densidad, cuanto más elevada es la frecuencia vibracional, menos denso será el cuerpo físico (esto se suele confundir con dimensiones). Los distintos estados de densidad física están limitados por nuestra capacidad de emitir vibraciones positivas, siendo la más elevada el contacto directo con la fuente o Dios.
  2. Ley de milagros: Los milagros son la consecuencia de una existencia correcta. Hay unas pequeñas señales que permanente te indican que estas en el camino correcto y la consecución es, tu propia divinidad. Nada es casualidad, si no la causa de tu propio crecimiento espiritual. Estate atento y lee las señales, estas leyes están ahí para comunicarte que lo estas haciendo de forma correcta, esas corazonadas y esas coincidencias serán la pauta. Según vayas viviendo en el amor incondicional y utilizando el perdón de forma sincera, tu karma se verá aliviado y los milagros se irán materializando.
  3. Ley de sanación: Somos nuestros propios sanadores. Los pensamientos y los sentimientos negativos provocan tu enfermedad, transmútalos y logra tu propia sanación. Enquistar nuestros sentimientos oscurecerá el ser de luz que eres. Somos energía y esa energía es luz (la suma de todos los espectros), sonido (vibración) y color (cada color está asociado a una emoción), variar cualquiera de estos factores o potenciar unos sobre otros nos provocan enfermedad y solo equilibrandose sanaremos.
  4. Ley de purificación: Somos seres puros en esencia. La negatividad y los malos sentimientos empañan y ensombrecen este estado. Purificarnos pasa por limpiarnos de toda esa herrumbre negativa que vamos acumulando con la sucesión de experiencias y dramas que inundan nuestras vidas. Purifica no solo tu cuerpo y tu mente, también purifica tu entorno, evita las influencias negativas que emiten aquellos que están en tu entorno o los que te llegan a través de distintos medios. Todo ello irá dejando un poso en tu inconsciente que finalmente se refleja en tu vida.
  5. Ley de perspectiva: Nuestra perspectiva tendrá la capacidad nuestro entorno. El ejemplo más claro es el tiempo, según nuestro estado de ánimo y nuestra perspectiva este transcurrirá más lento o más rápido. Si estamos en una situación de hastío los minutos nos parecerán horas y si estamos cómodos y alegres las horas parecerán minutos, incluso en situaciones de estrés extremo o pánico, el tiempo parecerá congelarse. Todo esto es solo un punto de vista, lo bonito o feo, lo bueno y lo malo no existen es solo nuestra perspectiva la que otorga las etiquetas a las cosas, todo será según tu propio punto de vista cree que es.
  6.  Ley de gratitud: Se agradecido. Cuando la abundancia y el éxito lleguen a ti, evita que te transforme, da las gracias por lo que recibes y permite que esa energía siga su camino. Permitir que todo fluya de manera adecuada y agradecer todo lo que llega a nuestras vidas. Por que sea para bien o para mal, deberás sacar una enseñanza de esa experiencia, luego se agradecido con todo aquello que te toca, no eres lo que tienes, si no lo que necesitas para tu crecimiento.
  7.  Ley de bendiciones: Con nuestra bendición emitimos hacia aquellos que nos necesita nuestra energía positiva. No precisamos un ritual o una oración concreta, solo nuestra presencia, nuestro apoyo y enfocar nuestros pensamientos positivos hacia esa persona que nos necesita. Bendecimos con nuestro amor incondicional a aquellos que nos piden ayuda y les otorgamos la posibilidad de transformarse con esa energía emanada de nosotros.
  8. Ley de decreto: El poder del verbo. Todo aquello que decretamos queda concretado. Debemos cuidarnos de decir según que cosas ya que el universo hará lo posible por traernoslo, él no conoce la ironía ni el doble sentido, así que mucho cuidado con lo que decimos. Al decretar firmamos un contrato con el universo, el verbo es vibración y todo en el universo vibra, esa vibración es recibida y reflejada en tu mundo. Decretar, es la plegaria más rápida y directa, su consecuencia es a veces casi instantánea y no serán pocas las veces que dirás “si antes hablo antes sucede” en realidad eso es así porque lo has pedido.
  9. Ley de Fe: La fe se atribuye erróneamente al fervor religioso. La fe es un sentimiento puro emitido desde nuestro corazón y una firmeza en algo que sabes desde lo más profundo que es así. La fe en su pureza trasciende cualquier otro sentimiento, no es posesivo y se emite de forma universal, en plena comunicación con el cosmos. La fe en uno mismo es la pieza fundamental de todo éxito, la confianza ciega en tu capacidad y tu talento, convierten la fe en un aliado poderoso luchando a nuestro favor.
  10. Ley de gracia: Es la consecución del alivio kármico. Una vez hemos evolucionado lo suficiente espiritualmente la gracia llega a nosotros y los elementos insólitos y milagrosos se sucederán en nuestro entorno, para celebrar tu graduación existencial. Te has convertido en tu propio maestro, el conocimiento y la sabiduría te son otorgados y la misericordia obra a través de tus actos. Has entendido el juego y juegas de forma consciente.
  11. La ley del Uno: Todos somos uno. No puedes aplicar ninguna de las leyes anteriores sin entender que todos sin exclusión tenemos un mismo origen y manamos de la misma fuente. Somos una misma cosa y partimos de una misma conciencia. Dios es todo y todo somos Dios, es la máxima que deberás aplicar, deberán entender que no fuimos creados por él, si no que formamos parte y vivimos en él. Dios no es algo externo a nosotros, ni se encuentra en un templo, Todo es Dios por lo tanto allí donde estés estarás con él.

viernes, 15 de marzo de 2019

Más allá de la mente


En el año 2005, David W. Moore, investigador de la
Universidad de Princeton, publicaba un estudio titulado Tres
de cada cuatro americanos creen en lo paranormal, con las
siguientes estadísticas: un 41% de personas creían en la
percepción extrasensorial, un 37% estaban convencidos de
que las casas pueden quedar encantadas con espíritus de
personas fallecidas o un 31% de estadounidenses que creen
en la telepatía. Anteriormente, en el año 2001, otro estudio
similar arrojaba los siguientes datos: el 54% de los
estadounidenses cree en la sanación de enfermedades
mediante poderes mentalesxxviii, el 33% está convencido de
que los extraterrestres nos han visitado en algún momento
de nuestra historia o el 32% que cree que la mente humana
puede ver el pasado y predecir el futuro mediante la
clarividencia.
Está de más decir que dichos datos son todo un jarro de
agua fría para todos aquellos sesudos artículos escritos
desde el escepticismo. Con ánimo de evitar críticas desde
dicho movimiento pensativo, insisto nuevamente: no se trata
de abandonar el pensamiento crítico para volcarse en el
pensamiento mágico, sino que es menester manejar dichos
contrarios con equilibrio y mediante una mente abierta a
nuevas realidades que los propios científicos están
investigando.
La ciencia ignora o niega cuanto no puede explicar, pero
eso no quiere decir que no exista. Renombrados científicos,
como se verá a lo largo de este trabajo, están dando un paso
al frente de las creencias hasta ahora consideradas como
pseudociencias. Tal es el ejemplo del cardiólogo Pim van
Lommel, quien investiga experiencias después de la muerte y
la conciencia. Una síntesis de su investigación fue publicada
en el 2001 en la revista médica The Lancet. En 2007 publicó
su obra Consciencia más allá de la vida. La ciencia de la
experiencia cercana a la muerte (Van Lommel, 2012), donde
ofrece pruebas científicas de que las experiencias cercanas a
la muerte (ECM) no son un fenómeno atribuible a la
imaginación, la psicosis o la falta de oxigeno.
Según Pim van Lommel, los hechos evidencian que
la conciencia es algo mucho más vasta y compleja que
el cerebro y que sigue existiendo pese a la ausencia de toda
función cerebral. Pim van Lommel introduce estas
experiencias en un amplio contexto cultural que va desde las
diferentes visiones religiosas del pasado hasta los nuevos
presupuestos de la física cuántica, en donde estos fenómenos
tienen un lugar coherente dentro de sus modelos teóricos.
Para este cardiólogo, “nuestra conciencia no es más que un
retransmisor para esta dimensión de nuestro ser en varias.
Es como una radio que, mientras vivimos aquí, sintoniza con
este universo. Nuestra muerte solo es un cambio de
conciencia, una transición. Solo morimos en una dimensión
para pasar a otras”. Y según él, no se trata de una convicción
religiosa sino una cuestión de física cuántica: la meditación y
el misticismo son técnicas de paso entre esas dimensiones.
Si Pim van Lommel tiene razón, ¿se abre una contingencia
a creer, una vez más, en la reencarnación, una
creencia consistente en que la esencia individual de las
personas (ya sea mente, alma, conciencia o energía) adopta
un cuerpo material no solo una vez sino varias según va
muriendo? Todo un mundo de posibilidades cuánticas que
abriría la puerta para la remisión de los pecados a través de
la ley del karma…
Pero el ejemplo viviente exento de toda suspicacia es el
neurocirujano de la Universidad de Harvard, Alexander Eben,
quien relata en primera persona su experiencia de la vida
después de la muerte, tras estar sumido en un profundo
coma durante una semana, en el que dice, viajó a otra
dimensión del universo que nunca antes pudo llegar a soñar
que existiese. Explica dicha experiencia en su obra La prueba
del cielo: el viaje de un neurocirujano a la vida después de la
muerte (Eben, 2013). No es de extrañar que dicho tema
adquiera mayor notoriedad entre la comunidad científica
después de que la prestigiosa fundación John Templeton
donase cinco millones de dólares al profesor de filosofía de la
Universidad John Martin Fischer para que estudiase en
profundidad las experiencias cercanas a la muerte (ECM), lo
que se ha dado en llamar “Proyecto inmortalidad”.
En España también tenemos un científico que ha
publicado acerca de las experiencias cercanas a la muerte
(ECM). Se trata del psiquiatra José Miguel Gaona Cartolano
quien ha publicado un ensayo científico titulado: ¿Son las
experiencias cercanas a la muerte (ECM) la base empírica que
demuestra la existencia del alma?, también publicado en la
revista Journal of Transpersonal Researchxxix. Asimismo, en
su libro Al otro lado del túnel (Gaona, 2012), esta eminencia
científica nos viene a decir que los investigadores de todo el
mundo comienzan a descubrir que las profundas
experiencias espirituales de los moribundos resultan difíciles
de explicar. En los últimos años ha trabajado en el campo de
la neuroteología, ciencia que estudia los fenómenos místicos
y espirituales desde una perspectiva neurológica. En esta
línea, dirige el Proyecto Túnel, un sitio de encuentro para
personas que han sufrido experiencias cercanas a la muerte
(ECM) y que desean compartir dichas experiencias o
abordarlas desde un punto de vista terapéutico. En la
actualidad es uno de los directores de IANDS España
(International Association of Near-Death Studies) y participa
en trabajos en el campo de las ECM junto con el Dr. Bruce
Greyson de la Unidad de Estudios Perceptuales de la
Universidad de Virginia Occidental y la Dra. Holden de la
North Texas University.

LA EDUCACIÓN CUÁNTICA
Un nuevo paradigma de conocimiento
Amador Martos


jueves, 14 de marzo de 2019

La mente como problema


Cambiar el actual paradigma intelectual, más conocido
como “pensamiento único neoliberal”, será difícil pero no
imposible. Socialmente, esa tarea de cambio ha sido
emprendida por los movimientos antiglobalización, conocidos
también como altermundismo. Estos activistas sociales ven
ahora cómo sus reivindicaciones son también asumidas por
los “activistas cuánticos”, tomando prestado dicha expresión
del Dr. Amit Goswami, profesor de Ciencia Teórica de la
Universidad de Oregón, quien lleva más de treinta años
enseñando Física Cuántica y es uno de los pioneros de esta
nueva y revolucionaria perspectiva. Desde luego, hay una
revolución en marcha en la ciencia. Un genuino cambio de
paradigma. Mientras que la ciencia tradicional se mantiene
en su visión materialista, cada vez crece un mayor número de
científicos que apoyan y desarrollan un nuevo paradigma
basado en la supremacía de la conciencia. Estamos en los
albores de dejar de ver a la mente humana como puramente
biológica sino abierta a otras interpretaciones con
connotaciones cuánticas (Lipton, 2007), es decir con
conexión al universo entero, de ahí el concepto de “mente
cuántica” (Torán, 2011), en alusión a la conexión entre la
racionalidad humana y el campo cuántico. Sin lugar a dudas,
estamos ante nuevas reglas del pensamiento que la ciencia
todavía no ha descubierto su funcionamiento, pero presentes
en el conocimiento esotéricoxxvi de la filosofía perenne.
Pudiera pensarse que la mente humana es una tabula
rasa a partir de la cual tiene lugar el constructivismo de la
propia experiencia interna y subjetiva de la realidad en su
interacción con el medio, véase en este sentido la
epistemología genética del psicólogo y biólogo Jean Piaget
(Phillips, 1977). Sin embargo, recientes investigaciones
acreditan que un feto no nacido, no solo puede escuchar los
sonidos del mundo exterior, sino es capaz de recordar
palabras específicas en los días siguientes al nacimiento.
Esta nueva investigación ha sido realizada por científicos
finlandeses de la universidad de Helsinki y demuestran que
los bebés dentro del vientre materno desarrollan una
memoria de palabras que oyen con frecuencia. Afirman
dichos científicos que un recién nacido no es un lienzo vacío,
sino que el aprendizaje se inicia antes del nacimiento.
Personalmente hice también un experimento en dicho
sentido con un niño de unos cuatro o cinco años, si no
recuerdo mal. Como ya sabía contar su edad, simplemente le
fui preguntando por sus recuerdos restándole regresivamente
año por año hasta llegar a su nacimiento. Cuando le
pregunté por su estado antes del nacimiento,
sorprendentemente, imitó la posición fetal durante el
embarazo. Realicé dicha experiencia hace más de treinta
años, confirmada ahora por la investigación finlandesa
referida anteriormente. ¿Por qué es posible dicha regresión
en el tiempo? Ello guarda relación con la gran variedad de
frecuencias de ondas cerebrales en los humanos: delta, zeta,
alfa, beta y gama, esta última solamente vista en estados
elevados de conciencia. Cuando los niños crecen,
experimentan una progresión de sus frecuencias desde delta
(de cero a dos años), luego zeta (de dos a cinco años),
después alfa (de cinco a ocho años) y, finalmente, beta (de
ocho a doce años). ¿Por qué son posibles dichos
experimentos?
En el caso del experimento finlandés, se realizó dentro del
espectro de las ondas delta, un estado de sueño profundo
que se da también en los adultos cuando duermen y que
posibilita que los niños de cero a dos años funcionen
fundamentalmente desde el subconsciente. Sin embargo, mi
experimento se realizó en el espectro de las ondas zeta, y los
niños de dos a cinco años viven dicha fase en un estado
similar al trance y conectados sobre todo a su mundo
interior, en el reino de lo abstracto con escasos matices de
pensamiento racional. Ambos experimentos son posibles
porque conectan directamente con el subconsciente mediante
las ondas cerebrales lentas (Dispenza, 2012).
En virtud de dichos experimentos, ¿dónde comienza la
memoria y la vida? ¿Antes o después del nacimiento? ¿No
será la vida, más bien, una expresión cuántica percibida por

la mente humana, incluso en estado subconsciente como
acredita los anteriores experimentos con niños? ¿No recuerda
ello la teoría de la reminiscencia de Platón? Para Platón,
adquirir conocimientos consiste en recordar lo que el alma
sabía cuando habitaba en el mundo inteligible de las ideas
antes de caer en el mundo sensible y encerrado en el cuerpo.
Cuerpo (material) y alma (inmaterial) son dos contrarios más
sin consenso, respectivamente, en el ámbito científico y en el
religioso: una eterna cuestión que Platón solucionó con la
metempsicosis, popularmente conocido como reencarnación.
Analicemos ahora otra investigación científica. En los años
ochenta, se puso de moda el “entrenamiento mental”,
practicada por algunos equipos olímpicos. Consiste en que el
deportista se imagine realizando la tarea deportiva a
desempeñar en orden a mejorar su rendimiento físico.
Evidentemente, algunos científicos eran escépticos hasta que
se empezaron a realizar experimentos. El escéptico psicólogo
deportivo William Straub organizó un experimento para
desacreditar la práctica del entrenamiento mental, pero el
resultado fue precisamente lo contrario: funcionaba. ¿Qué
sucede cuando uno imagina que está haciendo algo en lugar
de hacerlo de verdad?
La solución es aportada desde los estudios con
neuroimagen, que indican que las áreas de la corteza motora
primaria se activan de manera parecida cuando imaginamos
que movemos el cuerpo y cuando lo movemos de verdad. La
única diferencia es que el cerebro no ha dado la orden de
moverse a los músculos. En el libro El mándala del cuerpo,
Matthew y Sandra Blakeslee (2009), relatan cómo el pianista
Vladimir Horowitz entrenaba con la imaginación porque no
soportaba tocar otro piano que no fuera el suyo, y también
un violinista que pasó siete años en la cárcel sin su
instrumento pero que dio un concierto impecable al salir
gracias a su entrenamiento mental. Este tipo de
experimentos fueron confirmados en 1994 por el
neurocientífico Álvaro Pascual-Leone de la Universidad de
Harvard. El entrenamiento mental fue también demostrado
en 2004 por la Fundación Clínica de Cleveland. ¿La mente
modifica la realidad?Pero el verdadero poder de la mente ha sido demostrado
por científicos de la Universidad de Washington, quienes por
primera vez, han conseguido que los cerebros de dos
personas se comunicaran a distancia. Lograron controlar a
distancia el movimiento de las manos de un colega a través
de señales enviadas por Internet, a partir de una señal
remitida por el cerebro de otro colega que se encontraba en
otra parte del campus universitario. Lo asombroso de dicho
experimento es que es la primera vez que la comunicación a
distancia se realiza entre dos seres humanos, tecnología
mediante. ¿Puede ser ello un indicio de que la telepatía es
posible y no solo restringida al ámbito de la pseudociencia?
Si una cosa indica las anteriores demostraciones, es que el
mundo interno de las personas está conectado con el mundo
externo, conformando un todo interdependiente, un universo
en vibración que los antiguos maestros védicos enseñaban
como Nada Brahma. El campo vibratorio es inherente a todas
las investigaciones espirituales verdaderas así como las
investigaciones científicas. Es el mismo campo de energía
observado por santos, budas, yoguis, místicos, chamanes,
sacerdotes y videntes en su interior. Esta antigua sabiduría
ha sido olvidada por nuestra sociedad moderna por haber
incursionado con el pensamiento en el mundo exterior de la
forma en vez de profundizar en el mundo interior mediante la
meditación. “El camino intermedio” de Buda, el “Justo medio”
de Aristóteles y el “Tao” de las filosofías orientales, todos ellos
invitan a buscar el correcto equilibrio entre nuestro mundo
externo e interno. En vez de ello, como se ha visto en el
prólogo, la postmodernidad ha fragmentado el ego de las
personas, disociándolas de la colectividad y provocando
enfermedades sociales jamás vistas en la historia de la
humanidad. ¿Hacia dónde se encamina nuestra civilización?
¿Han quedado obsoletas ciertas creencias? ¿Estamos
experimentando una evoluciónxxvii holística hacia una nueva
realidad?

martes, 12 de marzo de 2019

Hacia una nueva conciencia.



Y las armas más temidas de esos “místicos cuánticos” son
el amor, la compasión, la solidaridad, el altruismo, la
empatía, el conocimiento, la verdad, la justicia y la paz, como
universales valores contemplados por la filosofía perenne
frente al moribundo pensamiento occidental. Nunca mejor
dicho, a decir del filósofo y científico Mario Bunge, la filosofía
no ha muerto, pero está gravemente enferma. Considera que
si se descuida la investigación básica, por darse prioridad al
armamento y a la conquista territorial, la ciencia decaerá, y
con ella la técnica. Añade que los filósofos debieran cooperar
con los científicos sociales para diseñar sociedades en las que
se protejan los intereses individuales y colectivos. Bunge
(2002), en su obra Crisis y reconstrucción de la filosofía,
apunta a que la filosofía académica actual se encuentra en
un preocupante estancamiento. En dicho vacío cognitivo
tiene razón de ser La educación cuántica.
Porque, es posible que vivamos en una sociedad
tecnológicamente avanzada, pero no en la sapiencia. Más que
nunca, muchos de mis congéneres, deberían ser instruidos
en materia filosófica, para constatar sorprendentemente que
ni piensan, ni se puede decir que existan. Más bien, piensa
una minoría plutocrática por todos nosotros. Un
pensamiento único y neoliberal, toda una dictadura del imperialismo económico. Frente a ello, mi propuesta es que el
antes citado “pienso, luego existo”, a modo de despertar de la
conciencia, debe ser clamado al unísono por todos nosotros
en una nueva conciencia colectiva que, en su obligada
regeneración, deberá aprender a pensar colectivamente. En
suma, como propone el arqueólogo, antropólogo y
paleontólogo español Carbonell (2007), se trata de generar El
nacimiento de una nueva conciencia.
Para ello, es de obligado cumplimiento un revisionismo, no
solo de la historia en sentido tradicional, sino eminentemente
de la historia del pensamiento por las graves connotaciones
que tiene sobre nuestro modo de vivir, pensar y amar, pues
la humanidad está desorientada existencial, cognitiva y
moralmente. La educación cuántica propone dicho
revisionismo siguiendo el sabio consejo de Descartes: “Para
alcanzar la verdad, es necesario, una vez en la vida,
desprenderse de todas las ideas recibidas, y reconstruir de
nuevo y desde los cimientos todo nuestro sistema de
conocimientos”. En dicho sentido, La educación cuántica
postula un paradigmático tránsito desde la filosofía y
psicología tradicional a la filosofía y psicología transpersonalxix
(Martos, 2010), desde el materialismo científico al
“misticismo cuántico”xx, desde el “yo” al “nosotros” kantiano,
en suma, desde el racionalismo pragmático al racionalismo
espiritual.
Educación cuántica

Trascendiendo al ego



La humanidad se halla viviendo una crisis social,
intelectual y moral donde el más damnificado es el ego de las
personas, el cual se halla fragmentado y disociado de la
colectividad. Ese ego está sumido en la ignorancia inducida
desde los poderes fácticos y necesita más que nunca del
saber para salir de la caverna platónica en la que se halla
este viejo mundo. Como revulsivo, La educación cuántica
postula una “medicina cuántica” como se argumentará en la
postrimería de este ensayo. Porque la sanación del ego de las
personas solo puede provenir de la sabiduría presente en la
filosofía perenne, pero sin descuidar el saber derivado del método científico, sino como dos modos de saberxxi
complementarios, como acredita Ken Wilber (2005d) en su
obra El espectro de la conciencia.
Así, psicológicamente, el ego debe trascenderse
conscientemente hacia una regenerada espiritualidad, en
una fusión de la razón con el espíritu, sustituyendo el
egoísmo por la compasión y la conciencia personal por la
conciencia transpersonalxxii; toda una trascendencia espiritual
que permite ir Más allá del ego (Vaughan y Walsh, 2000) y
ver el mundo como un todo holístico del cual somos un
engranaje más en la naturaleza. La actual civilización está
rompiendo el equilibrio natural y holístico de la vida, como
acreditan las especulaciones sobre la Tercera Guerra
Mundial por motivos económicos y energéticos. Será
necesario un ingente esfuerzo de todos nosotros para salir de
dicho atolladero, sin embargo, cualquier crisis es siempre
una oportunidad de crecimiento personal y también colectivo.
La actual crisis económica y social es también una crisis
intelectual y espiritual de la humanidad, lo cual invita a
repensar urgentemente el nuevo rumbo de este decrépito
mundo. Y a ello he dirigido mis investigaciones, al
conocimiento en profundidad de la naturaleza humana, en
función de lo cual propugno que nuestra civilización debe
cambiar urgentemente su derrotero que pasa,
imperativamente, por una renovada pedagogía como pretende
La educación cuántica. Una pedagogía cognitiva para cambiar
el mundo, no desde fuera, sino desde el interior de las
personas.
Educación cuántica.

La razón al servicio del amor



Si el cambio comienza por uno mismo, ¿por dónde
comenzar? Hay personas quienes pensamos que otro mundo
es posible desde el surgimiento de la física cuántica, pues es
todo un giro copernicanoxxiii en la mirada desde el “ver para
creer” al “creer para ver”, de la razón a la espiritualidad, de
ahí los peyorativamente denominados “místicos cuánticos”
por la comunidad científica servil a los poderes fácticos. Sin
embargo, son cada vez más los díscolos científicos que escapan del materialismo científico para convertirse en
“pensadores cuánticos”, cuyo único pecado es haber aunado
la razón con la espiritualidad, no entendida exclusivamente
en su acepción religiosa, sino como la intersubjetividad
kantiana magníficamente expuesta en su imperativo
categóricoxxiv, un amor también profesado por santos, budas,
yoguis o místicos. En suma, se trata de una metamorfosis de
la racionalidad pragmática a la racionalidad espiritual, de una
trascendencia desde la filosofía tradicionalmente impartida
en el actual sistema educativo hacia la filosofía
transpersonal: un cambio de paradigma magistralmente
argumentado por Ken Wilber (2005b) en su obra Sexo,
Ecología, Espiritualidad.
Las ideas de esos “místicos cuánticos” están alineadas con
una visión holística de la naturaleza, en un profundo
sentimiento simbiótico y de compasión con todo lo existente
en este y otros mundos. Se trata de una experiencia inefable
percibida en la propia conciencia, experiencias cumbres para
unos, místicas para otros, que da alas para luchar por el
librepensamiento y la libertad natural, ambas secuestradas
por los poderes fácticos y las religiones, una eterna lucha por
la verdad frente a las mentiras, entre la sabiduría y la
ignorancia, siempre los perennes contrarios propuestos por
Heráclito, como si de un mandato epistemológico por superar
se tratara, en el que la humanidad todavía no ha logrado
sintetizar la razón con el espírituxxv, ni sabremos si lo logrará.
En cualquier caso, La educación cuántica es una humilde
pretensión en dicho sentido.
Este ensayo tiene el propósito de evidenciar que la
humanidad se halla ante un nuevo paradigma de
conocimiento lo cual requiere, inherentemente, de un
revisionismo histórico, social, intelectual, filosófico, espiritual
pero, eminentemente, psicológico. Así, dicho revisionismo
supone la sanación del ego fragmentado y disociado de la
colectividad, la gran esperanza de La educación cuántica para
sanar a este decrépito mundo. Para ello, más que nunca
serán necesarias las “mentes cuánticas”, aquellas que aúnan
la racionalidad con la espiritualidad, las que saben que todo
conocimiento surge de la profundidad de todo ser humano
cuando se pone la razón al servicio del amor. Porque bastan unos pensamientos positivos para sanar al ego herido, y
sanar también de paso a ese mundo de ahí fuera.
Educación cuántica.

Trascendiendo a la modernidad.



La racionalidad humana, nacida en la era moderna a
partir del primer renacimiento humanístico, está tocando
fondo en su especulación científica: la física cuántica no
puede ir más allá en su investigación sin tener en cuenta a la
conciencia del observador; del mismo modo, la teoría de
cuerdas postula otras dimensiones inaccesibles a nuestros
sentidos pero que rayan con planteamientos filosóficos y
espirituales. La conciencia y su expansión a otras
dimensiones, parecen ser las consignas epistemológicas que
brotan desde la ciencia, todo un acercamiento de la
racionalidad pragmática (objeto) a la racionalidad espiritual
(sujeto). Por otro lado, esa racionalidad humana ha caído
presa del pragmatismo utilitarista fomentado por el sistema
capitalista de producción, causando ello el actual colapso
civilizatorio tanto en la biosfera como en la noosfera; del
mismo modo, la espiritualidad de la humanidad secuestrada
por las religiones, se está degradando inexorablemente por el
anacronismo de sus dogmas, amén de los escándalos
económicos y sexuales de la Iglesia Católica. Por todo ello,
por la carencia de completitud del materialismo científico, por
la fragmentación del ego durante la postmodernidad, y por la
inutilidad de las religiones como causa explicativa del más
allá, el mundo se halla ante un colapso social, mental y
espiritual, y requiere urgentemente de un revisionismo
epistemológico tal como pretende La educación cuántica.
Así, el concepto “educación cuántica” hay que situarlo
dentro de ese complejo contexto socio-espiritual y obedece a
una nueva mirada de la erudición que ya no centra su
atención en el objeto, sino en la conciencia humana como lo
acreditan diversas áreas de la ciencia que, inapelablemente, remiten a la rehabilitación de la filosofía perenneiii. Las
categorías científicas están convergiendo en la ciencia por
excelencia, a saber, la ciencia de la conciencia. Y en ese
campo, la filosofía transpersonal desarrollada por el filósofo
Ken Wilber (2005b) y la psicología transpersonaliv como la
“cuarta fuerza” de la psicología, están ganando enteros para
su reconocimiento académico. Es en este ámbito de
investigación donde mis publicaciones Pensar en ser libre
(Martos, 2010) y Capitalismo y conciencia (Martos, 2012b)
tienen razón de ser, lo cual me permite entrar en materia
científica para demostrar cómo, desde la investigación
empírica, se están dando más que razones para poder
afirmar que la mente humana está conectada cuánticamente
con el universo (Garnier, 2012), con quién interactúa al modo
que ya dijo Platón: “La filosofía es un silencioso diálogo del
alma consigo misma entorno al Ser”. Sin pretender ser
petulante, recomiendo como punto de arranque en la
investigación de la conciencia mi publicación en el Journal of
Transpersonal Research La evolución de la conciencia desde
un análisis político, social y filosófico-transpersonal (Martos,
2012a) también insertada a modo de corolario en la citada
obra Capitalismo y conciencia.
Educación cuántica.

Hacia una nueva cosmovisión.



Dicha erudición filosófica, ahora, tiene que ser
corroborada mediante una renovada visión de la ciencia y la
espiritualidad, y a ello vamos a dedicar la presente obra. La
filosofía y luego las ciencias, han trabajado arduamente para
despejar bastantes incógnitas sobre el conocimiento del
sentido de la vida, sin embargo, dicha cuestión para nada
está resuelta como acredita el actual declive civilizatorio. La
humanidad necesita repensarse a sí mismo: hay una crisis
de valores morales por encima de la crisis económica y
política. Socialmente, ese repensar colectivo es un incipiente
paradigmav que se está abriendo paso gracias al movimiento
altermundistavi representado por el Foro Social Mundial, para
hacer de contrario, en términos de Heráclitovii, al
pensamiento único neoliberalviii. Pero filosófica y psicológicamente, es el movimiento “transpersonal”, un
paradigma surgido como “cuarta fuerza” de la psicología,
quien aporta las bases epistemológicas para hacer frente al
caduco pensamiento occidental. La racionalidad pragmática
inserta en este depredador capitalismo es un cáncer para las
relaciones humanas. El infinito crecimiento económico y la
competencia desleal, ambos incentivados por el imperialismo
de unos pocos estados mediante las guerras, esclaviza al
resto de la humanidad en la más absoluta miseria, pobreza e
ignorancia, impidiendo con ello dar un sentido coherente a la
vida (Klein, 2007). Es imperativa una reprogramación de la
intelectualidad humana, tesitura que están intentando
diversos científicos y pensadores, entre los que me incluyo.
Mi propuesta es que el “sesgo moral” es más importante
que el “sesgo científico”, secuestrado este por los poderes
fácticos, y haciendo cierto con ello el aforismo anticipado por
Aristóteles: “El saber es poder”. Así, las eufemísticas
democracias, en realidad, se hallan bajo una plutocracia
donde Los amos del mundo ejercen un terrorismo financiero
(Navarro, 2012). Hay un racionalismo pragmático desde los
poderes fácticos que se sustenta en el secuestro del saber y
la democracia (Rubiales, 2005) así como los medios de
información (Chomsky, 2002), al servicio ello de un
depredador capitalismo. La irremediable consecuencia es que
la moralidad ha sido ajada, deviniendo entonces en una
“modernidad líquida” al decir del sociólogo Bauman (2007)
para definir el estado fluido y volátil de la actual sociedad, sin
valores demasiado sólidos, en la que la incertidumbre por la
vertiginosa rapidez de los cambios ha debilitado los vínculos
humanos. Lo que antes eran nexos potentes, ahora se han
convertido en lazos provisionales y frágiles. En palabras de
Marx, sería la perdida de la conciencia de clase.
Educación cuántica.

La mente como problema.


Cambiar el actual paradigma intelectual, más conocido

como “pensamiento único neoliberal”, será difícil pero no

imposible. Socialmente, esa tarea de cambio ha sido

emprendida por los movimientos antiglobalización, conocidos

también como altermundismo. Estos activistas sociales ven

ahora cómo sus reivindicaciones son también asumidas por

los “activistas cuánticos”, tomando prestado dicha expresión

del Dr. Amit Goswami, profesor de Ciencia Teórica de la

Universidad de Oregón, quien lleva más de treinta años

enseñando Física Cuántica y es uno de los pioneros de esta

nueva y revolucionaria perspectiva. Desde luego, hay una

revolución en marcha en la ciencia. Un genuino cambio de

paradigma. Mientras que la ciencia tradicional se mantiene

en su visión materialista, cada vez crece un mayor número de

científicos que apoyan y desarrollan un nuevo paradigma

basado en la supremacía de la conciencia. Estamos en los

albores de dejar de ver a la mente humana como puramente

biológica sino abierta a otras interpretaciones con

connotaciones cuánticas (Lipton, 2007), es decir con

conexión al universo entero, de ahí el concepto de “mente

cuántica” (Torán, 2011), en alusión a la conexión entre la

racionalidad humana y el campo cuántico. Sin lugar a dudas,

estamos ante nuevas reglas del pensamiento que la ciencia

todavía no ha descubierto su funcionamiento, pero presentes

en el conocimiento esotéricoxxvi de la filosofía perenne.

Pudiera pensarse que la mente humana es una tabula

rasa a partir de la cual tiene lugar el constructivismo de la

propia experiencia interna y subjetiva de la realidad en su

interacción con el medio, véase en este sentido la

epistemología genética del psicólogo y biólogo Jean Piaget

(Phillips, 1977). Sin embargo, recientes investigaciones

acreditan que un feto no nacido, no solo puede escuchar los

sonidos del mundo exterior, sino es capaz de recordar

palabras específicas en los días siguientes al nacimiento.
Esta nueva investigación ha sido realizada por científicos

finlandeses de la universidad de Helsinki y demuestran que

los bebés dentro del vientre materno desarrollan una

memoria de palabras que oyen con frecuencia. Afirman

dichos científicos que un recién nacido no es un lienzo vacío,

sino que el aprendizaje se inicia antes del nacimiento.

Personalmente hice también un experimento en dicho

sentido con un niño de unos cuatro o cinco años, si no

recuerdo mal. Como ya sabía contar su edad, simplemente le

fui preguntando por sus recuerdos restándole regresivamente

año por año hasta llegar a su nacimiento. Cuando le

pregunté por su estado antes del nacimiento,

sorprendentemente, imitó la posición fetal durante el

embarazo. Realicé dicha experiencia hace más de treinta

años, confirmada ahora por la investigación finlandesa

referida anteriormente. ¿Por qué es posible dicha regresión

en el tiempo? Ello guarda relación con la gran variedad de

frecuencias de ondas cerebrales en los humanos: delta, zeta,

alfa, beta y gama, esta última solamente vista en estados

elevados de conciencia. Cuando los niños crecen,

experimentan una progresión de sus frecuencias desde delta

(de cero a dos años), luego zeta (de dos a cinco años),

después alfa (de cinco a ocho años) y, finalmente, beta (de

ocho a doce años). ¿Por qué son posibles dichos

experimentos?

En el caso del experimento finlandés, se realizó dentro del

espectro de las ondas delta, un estado de sueño profundo

que se da también en los adultos cuando duermen y que

posibilita que los niños de cero a dos años funcionen

fundamentalmente desde el subconsciente. Sin embargo, mi

experimento se realizó en el espectro de las ondas zeta, y los

niños de dos a cinco años viven dicha fase en un estado

similar al trance y conectados sobre todo a su mundo

interior, en el reino de lo abstracto con escasos matices de

pensamiento racional. Ambos experimentos son posibles

porque conectan directamente con el subconsciente mediante

las ondas cerebrales lentas (Dispenza, 2012).

En virtud de dichos experimentos, ¿dónde comienza la

memoria y la vida? ¿Antes o después del nacimiento? ¿No

será la vida, más bien, una expresión cuántica percibida por 

la mente humana, incluso en estado subconsciente como

acredita los anteriores experimentos con niños? ¿No recuerda

ello la teoría de la reminiscencia de Platón? Para Platón,

adquirir conocimientos consiste en recordar lo que el alma

sabía cuando habitaba en el mundo inteligible de las ideas

antes de caer en el mundo sensible y encerrado en el cuerpo.

Cuerpo (material) y alma (inmaterial) son dos contrarios más

sin consenso, respectivamente, en el ámbito científico y en el

religioso: una eterna cuestión que Platón solucionó con la

metempsicosis, popularmente conocido como reencarnación.

Analicemos ahora otra investigación científica. En los años

ochenta, se puso de moda el “entrenamiento mental”,

practicada por algunos equipos olímpicos. Consiste en que el

deportista se imagine realizando la tarea deportiva a

desempeñar en orden a mejorar su rendimiento físico.

Evidentemente, algunos científicos eran escépticos hasta que

se empezaron a realizar experimentos. El escéptico psicólogo

deportivo William Straub organizó un experimento para

desacreditar la práctica del entrenamiento mental, pero el

resultado fue precisamente lo contrario: funcionaba. ¿Qué

sucede cuando uno imagina que está haciendo algo en lugar

de hacerlo de verdad?

La solución es aportada desde los estudios con

neuroimagen, que indican que las áreas de la corteza motora

primaria se activan de manera parecida cuando imaginamos

que movemos el cuerpo y cuando lo movemos de verdad. La

única diferencia es que el cerebro no ha dado la orden de

moverse a los músculos. En el libro El mándala del cuerpo,

Matthew y Sandra Blakeslee (2009), relatan cómo el pianista

Vladimir Horowitz entrenaba con la imaginación porque no

soportaba tocar otro piano que no fuera el suyo, y también

un violinista que pasó siete años en la cárcel sin su

instrumento pero que dio un concierto impecable al salir

gracias a su entrenamiento mental. Este tipo de

experimentos fueron confirmados en 1994 por el

neurocientífico Álvaro Pascual-Leone de la Universidad de

Harvard. El entrenamiento mental fue también demostrado

en 2004 por la Fundación Clínica de Cleveland. ¿La mente

modifica la realidad?

Pero el verdadero poder de la mente ha sido demostrado

por científicos de la Universidad de Washington, quienes por

primera vez, han conseguido que los cerebros de dos

personas se comunicaran a distancia. Lograron controlar a

distancia el movimiento de las manos de un colega a través

de señales enviadas por Internet, a partir de una señal

remitida por el cerebro de otro colega que se encontraba en

otra parte del campus universitario. Lo asombroso de dicho

experimento es que es la primera vez que la comunicación a

distancia se realiza entre dos seres humanos, tecnología

mediante. ¿Puede ser ello un indicio de que la telepatía es

posible y no solo restringida al ámbito de la pseudociencia?

Si una cosa indica las anteriores demostraciones, es que el

mundo interno de las personas está conectado con el mundo

externo, conformando un todo interdependiente, un universo

en vibración que los antiguos maestros védicos enseñaban

como Nada Brahma. El campo vibratorio es inherente a todas

las investigaciones espirituales verdaderas así como las

investigaciones científicas. Es el mismo campo de energía

observado por santos, budas, yoguis, místicos, chamanes,

sacerdotes y videntes en su interior. Esta antigua sabiduría

ha sido olvidada por nuestra sociedad moderna por haber

incursionado con el pensamiento en el mundo exterior de la

forma en vez de profundizar en el mundo interior mediante la

meditación. “El camino intermedio” de Buda, el “Justo medio”

de Aristóteles y el “Tao” de las filosofías orientales, todos ellos

invitan a buscar el correcto equilibrio entre nuestro mundo

externo e interno. En vez de ello, como se ha visto en el

prólogo, la postmodernidad ha fragmentado el ego de las

personas, disociándolas de la colectividad y provocando

enfermedades sociales jamás vistas en la historia de la

humanidad. ¿Hacia dónde se encamina nuestra civilización?

¿Han quedado obsoletas ciertas creencias? ¿Estamos

experimentando una evoluciónxxvii holística hacia una nueva

realidad?.

Educación cuántica.