Las consecuencias de La sociedad de la ignorancia (Mayos et al., 2011) son visibles en este decadente sistema capitalista de producción: predomina un egoísmo propulsor del infinito crecimiento en un planeta finito, lo cual invita al decrecimiento (Latouche, 2011) ya que plantea graves consecuencias humanas en la globalización en la que se halla inmersa este mundo (Bauman, 2003); también la libertad de los mercados está por encima de la de las personas; sin olvidar el acopio del conocimiento científico para el belicismo y la manipulación de la humanidad por una minoría de peligrosos psicópatas que gobiernan en la sombra (Estulin, 2007). Vuelvo a insistir, nos hallamos antes un caos civilizatorio en toda regla, principalmente, porque todavía no se ha logrado la integración de esos tres mundos diferenciados por Kant: ciencia, ego y moralidad. La ciencia es usada servilmente por los poderes fácticos; el ego está sodomizado por el sistema capitalista; y la moralidad social está supeditada a los dogmas religiosos y a la oligarquía plutocrática. Kant (2007) fue consciente de los riesgos de la diferenciación entre la ciencia, el ego y la moralidad, y así lo expresó en su ensayo ¿Qué es la ilustración?. La integración de esos tres mundos -ciencia, ego y moralidad-, sin lugar a dudas, se vislumbra como posible gracias al movimiento “transpersonal” surgido como “cuarta fuerza” de la psicología: tiene como objetivo integrar la racionalidad con la espiritualidad. Este racionalismo espiritual ha sido conceptuado en un magistral sistema de pensamiento por Ken Wilber (2005b) mediante su obra cumbre Sexo, Ecología, Espiritualidad, erguiéndose así como el 77 representante más emblemático de la filosofía transpersonal y psicología transpersonal. Siguiendo la estela de Wilber, mi obra Pensar en ser libre, de la filosofía tradicional a la filosofía transpersonal (Martos, 2010) es una humilde revisión de la historia del pensamiento al propugnar que el “movimiento transpersonal” debe ser rehabilitado históricamente más allá del misticismo cuántico, término acuñado peyorativamente por los caducos materialistas científicos. Evidencio en dicha obra que el pasado pertenece a la razón individualista, pero el futuro pertenece al espíritu colectivo. Así, esa razón egocéntrica, muy a su pesar, se está retorciendo de dolor (Jara, 2007a), un daño causado por el hombre al hombre, todo un contra sentido holístico de la naturaleza. Así, el giro natural, nunca mejor dicho, es que el genuino cogito cartesiano se auxilie con el espíritu kantiano mediante su imperativo categórico, lo que perennemente se ha conocido como amor. Lo que viene a decir la historia es que no se puede vivir sin amor (Hüther, 2015), porque es la más alta motivación que nos alienta a vivir, una cuestión ahora reconocida y evidenciada desde la neurobiología y la sociobiología xlv. ¿Acaso no hacemos lo que hacemos por amor a nuestros seres queridos? Pero ese amor ha sido también desahuciado del corazón de las personas por el perverso sistema capitalista que pone todo en venta, hasta nuestras emociones y nuestros sentimientos, anulando incluso nuestra voluntad sobre nuestros actos y pensamientos, convirtiéndonos entonces en autómatas productores de bienes de consumo para la exclusiva satisfacción del ego, descuidando así plenamente al espíritu. Desolador pensamiento occidental.
Educación cuántica/Martos.
jueves, 30 de mayo de 2019
lunes, 13 de mayo de 2019
La realidad es una ilusión .
Según Jean-Pierre Garnier Malet, un doctor en física francés, la teoría del desdoblamiento del tiempo afirma que nuestro cuerpo es una energía con capacidad para proyectarse hacia el futuro, extrayendo información de una realidad paralela y traerla a nuestra existencia. Según este científico, cada instante que vivimos es una información mental que recibimos inconscientemente sobre nuestro futuro, procedente de nuestro “otro yo”, formado de energía cuántica. Según la teoría de Garnier, sería imprescindible cuidar la pureza de nuestros pensamientos pues son los malos pensamientos quienes ponen barreras a la realización de nuestro hipotético mejor futuro. Dicha información subliminal pasaría inadvertida para toda persona sin la preceptiva educación cuántica. ¿Se entiende ahora la importancia de esta? En este sentido, dice Garnier que hay que tener un pensamiento positivo en la resolución de los conflictos (y añado yo entre los eternos contrarios), ya que el “yo” de la “otra dimensión” nos dará la información correcta mediante una resolución satisfactoria de los problemas. Quien desee profundizar en la propuesta de este científico, puede consultar su obra Cambia tu futuro por las aperturas temporales (Garnier, 2012). Dicho postulado científico es toda una invitación a volver a pensar sobre el pensamiento, una actividad por antonomasia perteneciente a la filosofía. Quizá tenemos ahí la primera regla del pensamiento cuántico: aprender a pensar. La filosofía y posteriormente las ciencias, en un bucle temporal hegeliano, han desembocado en la física cuántica, cuya principal resonancia es evidenciar el fracaso del dualismo que ha imperado en el pensamiento occidental y, subsiguientemente, ha dado luz verde a los místicos cuánticos y la posibilidad por tanto de hacer “filosofía cuántica”. Ya no se puede hacer filosofía sin aludir al campo cuántico. Si bien la “filosofía cuántica” es conceptualmente acorde al actual estadio cognitivo de la humanidad, posibilita también la confirmación de las tesis defendidas por los pensadores que dieron origen al movimiento transpersonal: Abraham Maslow, Carl G. Jung, Stanislav Grof, y Ken Wilber, por citar solo algunos de los más destacados. Ese bucle pensativo de la historia consiste en el abandono del dogmático materialismo científico cual espejismo de la ciencia (Sheldrake, 2013), para abrazar un emergente paradigma pensativo que aúna la razón con el espíritu en el más puro estilo de la filosofía perenne. Así, en la historia del pensamiento se está produciendo una agitada confluencia como jamás vista en la historia: la filosofía tradicional con la filosofía perenne. Lo viejo -materialismo científico- debe ser transcendido pero, lo nuevo –filosofia transpersonal-, acaba de nacer y necesita consolidarse como ciencia de la conciencia. En dicho vacío cognitivo tiene razón de ser La educación cuántica al abanderar una reconstrucción epistemológica donde el “misticismo cuántico” debe ser reconsiderado como filosofía transpersonal. El “misticismo cuántico” denostado escépticamente por el materialismo científico, debe imperiosamente ser reinterpretado como filosofía transpersonal. En efecto, la física cuántica ha demostrado la relatividad del tiempo y la inexistencia de la materia y, por lo tanto, lo relativo que es nuestra comprensión del ser humano, pero también de la realidad en su conjunto. Con esto, ha colapsado el paradigma de la ciencia experimental positivista. Entonces, Occidente miró a Oriente xliv y encontró en las antiguas cosmovisiones enormes coincidencias con lo que comenzaba a descubrirse mediante la nueva ciencia cuántica. Esta vino a comprobar científicamente lo que las antiguas tradiciones ya sabían: los límites temporales y espaciales del ser humano son ilusorios y, por lo tanto, la existencia necesariamente también va más allá de estas dimensiones.
Educación cuántica/Martos.
Educación cuántica/Martos.
sábado, 11 de mayo de 2019
Nuevas reglas del pensamiento
La resolución de los conflictos que plantea el sistema capitalista pasa por la creciente conciencia colectiva que debería alcanzar la suficiente masa crítica hasta la consolidación del paradigma conocido como altermundismo (otro mundo es posible), en contraposición al neoliberalismo como última metamorfosis del capitalismo. Y ello puede ser posible, precisamente, tomando consciencia de la tesis siguiente: el egoísmo subyacente a la lucha de clases debería ser superado paradigmáticamente por la compasión propugnada por la filosofía transpersonal. En suma, se trata de un cambio de paradigma en la psicología humana -una evolución holística desde la conciencia personal a la conciencia transpersonal- que, a su vez, requiere también de una renovada pedagogía histórica, filosófica y educativa, como pretende epistemológicamente La educación cuántica En mi constructo filosófico, la lucha de clases propugnadas por el pensamiento marxista ha devenido en la actualidad en la lucha de contrarios entre el neoliberalismo y el altermundismo, dos paradigmas holísticamente superiores a las tradicionales divergencias entre derechas e izquierdas, respectivamente. En mi obra Capitalismo y conciencia (Martos, 2012b), he realizado una contextualización social, psicológica e histórica de todo ello a modo de reinterpretación de la historia del pensamiento en su actual estado evolutivo, en suma, intentar dar respuestas a las preguntas: ¿Qué significa humanidad? ¿Qué es ser humano? ¿Hacia dónde va esta civilización? Como no podía ser de otra manera, son las mismas preguntas que desde hace décadas intentan responder los pensadores “transpersonales” que postulan la trascendencia de la conciencia, en contraposición al materialismo científico. La historia, hasta ahora, ha sido escrita desde la miopía del materialismo científico pero, el genial Ken Wilber mediante los postulados de la filosofía transpersonal, ha sacado del mundo de las sombras a muchos esclavos, entre ellos yo mismo. La mecánica cuántica propugna un nuevo paradigma de conocimiento que interrelaciona a la conciencia con el campo cuántico, de ahí la amplia literatura sobre tal asunto. Sin embargo, las reglas por las cuales se rigen los pensamientos en ese nuevo horizonte cognitivo, son todavía desconocidas para la gran mayoría de neófitos en materia esotérica. Paradojas de la vida, es la propia física cuántica quien nos indica el camino a seguir (Wilber, 2013): buscar la trascendencia pensativa y espiritual, un camino ya iniciado por el movimiento “transpersonal”, creo que mal interpretado como “misticismo cuántico” o “new age” como combato con ahínco, y me reprochan algunos xliii. El “misticismo cuántico” debe ser reinterpretado como filosofía transpersonal pues sienta las bases epistemológicas de un nuevo paradigma de conocimiento al trascender la racionalidad pragmática del pensamiento occidental hacia la espiritualidad de la filosofía oriental, todo ello bajo los presupuestos de la filosofía perenne (Martos, 2016). La humanidad se halla ante nuevas reglas del pensamiento, desconocidas por los científicos materialistas, pero accesibles para los estudiosos del conocimiento esotérico mediante la filosofía perenne. Nos hallamos ante un momento crucial de la historia: el materialismo científico, mediante el agotamiento de su discurso en la física cuántica, está haciendo un paseíllo triunfal a la filosofía y psicología transpersonales, todo un giro copernicano en la comprensión de nuestro mundo, y que requiere de una renovada pedagogía histórica, filosófica, psicológica y cognitiva, tal como pretende La educación cuántica. La filosofía transpersonal se presenta como un fundamento epistemológico y permite aseverar que la humanidad se halla ante un nuevo paradigma de conocimiento, lo cual invita a investigar las reglas que rigen a la conciencia en su interrelación con el campo cuántico. Consecuentemente, la humanidad se halla ante un cambio de paradigma en el modo de pensar donde, la razón surgida de la racional-modernidad, debe reconciliarse con el espíritu, del mismo modo que la filosofía tradicional con la filosofía perenne, y el hombre moderno con el sabio que lleva en su interior. Tantos cambios en las reglas del pensamiento suponen un desafío para una reconstrucción epistemológica. Vuelvo a repetir, ¿qué culpa tenemos los pensadores transpersonales si es la propia ciencia quien mediante la mecánica cuántica permite vislumbrar un nuevo paradigma de conocimiento que contemple la interrelación entre la conciencia y espiritualidad? Por tal motivo, es imperativa una reconstrucción epistemológica.
Educación cuántica/Martos.
Educación cuántica/Martos.
lunes, 6 de mayo de 2019
La moderna esclavitud
En nombre del dinero, la irracionalidad humana ha degenerado hasta la total expoliación del planeta, pero también del hombre por el hombre. Nunca mejor dicho, “el hombre es un lobo para el hombre”, una aseveración popularizada por el filósofo Thomas Hobbes en el siglo XVIII, aunque originalmente es una cita del texto del escritor Plauto, doscientos años antes de Cristo. Dicho aforismo, en vista de las recurrentes guerras presentes en la historia de la humanidad, denota una de las características de la esencia humana: el egoísmo mediante el cual el hombre termina siendo su propio verdugo, como acredita la desigual e injusta distribución de la riqueza entre ricos y pobres y que parecen dar la razón a esa idea que Marx postuló como lucha de clases. Marx creó una teoría social, económica y política indisolublemente unida al socialismo y al comunismo, más conocida como marxismo. Este pensador desentrañó las leyes inherentes al desarrollo del capitalismo, cuya máxima expresión depredadora ha llegado hasta nuestros días mediante el paradigma del neoliberalismo. Marx es un pensador que, desde un contexto histórico, propugna la superación del capitalismo, precisamente, apuntando hacia la eliminación de la clase opresora. En ese pensamiento marxista subyace un deseo de libertad y felicidad en igualdad de condiciones para toda la humanidad, es decir, Marx tenía “conciencia transpersonal”. El discurso de Marx tenía como finalidad la felicidad de la humanidad y, para ello, es precisamente necesario superar el antagonismo entre la clase opresora y la clase dominada: un loable pensamiento que, hoy en día, sigue siendo una utopía a la vista del depredador neoliberalismo que subsume a la humanidad en miserias, hambrunas, guerras con fines económicos, en definitiva, una maquiavélica manipulación del ego plutocrático a costa del planeta y la humanidad. La filosofía marxista está más viva que nunca, precisamente, porque su filosofía es una denuncia vigente respecto al actual neoliberalismo, en tanto que es la última metamorfosis del capitalismo. En virtud de la deriva suicida de la humanidad, las profecías de Marx están siendo recuperadas: semanarios importantes como el Spiegel alemán le han dedicado portadas; también, una encuesta de opinión de la revista Times, repetida luego con idéntico resultado por la BBC británica, lo declaraba el “mayor filósofo de todos los tiempos”; incluso un economista conservador y serio como Lord Desai lo eleva a la categoría de “profeta de la globalización”. Marx también ha tenido un reconocimiento mediante el prestigioso historiador marxista británico Eric Hobsbawm, quien nos dejó esta última lección tras su fallecimiento: “Es importante leer a Marx porque el mundo en el cual vivimos hoy no puede entenderse sin la influencia que los escritos de este hombre tuvieron sobre el siglo XX. Debería ser leído porque, como él mismo escribió, el mundo no puede ser cambiado de manera efectiva a menos que sea entendido, y Marx permanece como una soberbia guía para la comprensión del mundo y los problemas a los que debemos hacer frente” (Martos, 2012b). Sartre dijo que el marxismo es la filosofía insuperable de nuestro tiempo. Analicemos esta afirmación. Marx profetizó que el capital destruiría sus dos fuentes de riqueza y reproducción: la naturaleza y el trabajo. Marx alcanzó a ver las dos crisis que padece actualmente la humanidad: la crisis ecológica y la crisis humanitaria. Sartre tiene razón: el marxismo sigue siendo la filosofía insuperable de nuestro tiempo. La filosofía marxista, de un modo académico e histórico, está encuadrada en el paradigma de la filosofía tradicional que ha dominado el pensamiento occidental, y actualmente en una profunda crisis de identidad. Sin embargo, la filosofía transpersonal se presenta como la paradigmática superación de la caduca filosofía tradicional impartida en nuestro sistema educativo. Otra cuestión es que dicho cambio de paradigma filosófico tenga su reconocimiento académico e histórico, como así ha ocurrido con el pensamiento marxista que ha tardado más de un siglo en ser elevado a los altares de la historia. ¿Habrá que esperar también otro siglo para que se deje de hablar peyorativamente de “misticismo cuántico” en lugar de filosofía transpersonal?
Educación cuántica/Martos
Educación cuántica/Martos
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