martes, 30 de julio de 2019
La cuestión educativa
Lo más difícil será que se acepte la propuesta de este
pensador: la filosofía tradicionalmente impartida en nuestro
sistema educativo, y este también, están obsoletos por servir
solo a los intereses de los burgueses capitalistas (Laval,
2004) y la curia eclesiástica, imposibilitando una educación
holística que permita desarrollar al ser humano en toda su
potencialidad y no solo como vehículo de productividad. El 93
actual sistema educativo solo está al servicio de un sistema
capitalista de producción (Illich, 2011), y siempre a favor de
la egolatría plutocrática quien favorece descaradamente a las
clases pudientes frente a las, ahora, llamadas clases medias.
La lucha de clases de Marx sigue más vigente que nunca.
Pero no solo hay que recuperar a Marx, sino a Wilber, a Kant
y a Platón, por citar solo algunos de los más emblemáticos
pensadores. No hay que recuperarlos solamente en la
interpretación académica tradicional sino en una visión
hermenéutica que contemple la filosofía perenne. Llevar
dicho pensamiento a la práctica pedagógica será un penoso
viacrucis que, creo, no verá este pensador en vida. ¿Por qué?
Como se ha visto anteriormente, la postmodernidad no
solo ha fragmentado al ego de las personas, sino que las ha
disociado de la colectividad: el pueblo ha olvidado su
conciencia de clase en términos de Marx, y ha obviado
practicar el imperativo categórico postulado por Kant. Por
tanto es la falta de amor en el mundo lo que está llevando
esta civilización al caos social (crisis), intelectual (pérdida de
identidad) y espiritual (pérdida de esperanza). Se ha impuesto
imperialmente el “pensamiento único neoliberal” como
submarino intelectual del capitalismo y cuya consecuencia
ha sido desastrosa, pues ha impedido el pensamiento crítico
de los ciudadanos mediante el secuestro de la facultad que
permite alcanzar la verdadera libertad y felicidad: la razón.
Mediante la concesión de una supuesta libertad democrática,
en realidad apresada bajo una plutocracia (Rubiales, 2005),
se ha vendido a los ciudadanos del mundo la esperanza del
sueño americano, cuando en realidad, es el imperialismo
estadounidense quien ha matado los sueños de la
humanidad. En suma, ha sido un obra de ingeniería social
realizada por Los señores de la sombra (Estulin, 2007) para
un dominio imperialista (Petras, 2000) sobre los pueblos
mediante las guerras por los recursos naturales: es lo que
nos han vendido como globalización, pero no de la paz, la
libertad y la justica para todos, no, sino todo un imperialismo
económico al servicio de una minoría de familias en la
cumbre de la oligarquía financiera que se han erigido como
Los amos del mundo (Navarro, 2012).
Así, el populacho, emborrachado de un consumismo
propugnado por el sistema capitalista, obsolescencia
programada incluida, se ha creído un nuevo rico,
proyectándose hacia una excesiva vida materialista (dinero),
obviando entonces a las verdaderas riquezas jerárquicamente
más importantes: la riqueza intelectual (razón) y la riqueza
espiritual (amor). Vivir en y por la primera es hacerlo en el
mundo de las sombras, hacerlo en la segunda es ver la luz a
la salida de la gruta, pero la tercera es la que procura la tan
aludida iluminación de la filosofía perenne. Es un recorrido
iniciático presente en la filosofía esotérica, al igual que lo
plasmara Platón en el Mito de la Caverna. En suma, se trata
de un despertar de la conciencia como paso iniciático para
dejar el mundo de la sombras (racionalismo pragmático) e
ingresar al Mundo de las Ideas (racionalismo espiritual), lo
que en psicología transpersonal vendría a ser,
respectivamente, transcender el egocentrismo hacia la
conciencia transpersonal. Una transición que, en lo social,
equivale a pasar del neoliberalismo al altermundismo.
Educación cuántica/Martos
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