viernes, 22 de marzo de 2019
Más filosofía, por favor
Así, la filosofía, a través de diversos pensadores entre los
que me incluyo, está reivindicando su razón de ser, la cual
ha sido denostada por los poderes fácticos y reducida a su
mínima expresión por el materialismo científico que, en su
miopía, ha despreciado a la reflexión filosófica, por
antonomasia, la genuina buscadora del saber. Ahora, dicho
materialismo científico está siendo puesto en duda, no solo
por pensadores de la talla de Ken Wilber, sino por una retahíla de “activistas cuánticos” que asumen que la
conciencia no procede de la materia, sino que esta es el
soporte para la expresión y expansión de aquella. Desde el
surgimiento de la física cuántica, la conciencia ha sido objeto
de atención desde diferentes disciplinas científicas y, cómo
no, también desde el ámbito de la filosofía.
La evolución holística en la naturaleza también afecta al
paradigma científico: se ha realizado la transición desde la
“física clásica” a la “física cuántica” (dos opuestos más, como
postula Heráclito), pero sin que el racionalismo pragmático,
sobre todo alentado por el movimiento escéptico al servicio de
los poderes fácticos, se avenga a admitir de la existencia de
su contrario el racionalismo espiritual. El racionalismo
pragmático alentado en esta artificiosa crisis globalizada, está
agonizando ante un emergente racionalismo espiritual: lo viejo
no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer. El
racionalismo espiritual es un nuevo paradigma de
conocimiento que integra la racionalidad y la espiritualidad,
una manifestación que se da en la conciencia y que, por
tanto, requiere específicamente de una ciencia de la
conciencia más allá del reduccionismo materialista, hacia la
profundidad hermenéutica (Martos, 2016). ¿Qué culpa
tenemos las pensadores espirituales si es la propia ciencia
quien ha puesto, como se diría popularmente “a huevo”, ese
nuevo paradigma de conocimiento desde el surgimiento de la
mecánica cuántica?
El “sesgo moral” está creciendo exponencialmente en aras
de un empoderamiento de la conciencia colectiva, pues el
conocimiento sin moralidad es la causa del derrumbamiento
de la actual civilización. Si damos alas al “sesgo científico”
sin un control moral por parte de los ciudadanos, estaremos
a un paso de la implantación subcutánea de un microchip
para un mayor y mejor control por parte de los poderes
fácticosxxxii. El “sesgo científico” ya está siendo utilizado para
el control de Internet, es decir, de nuestras comunicaciones y
pensamientos como lo demuestra el reciente espionaje
mundial realizado para la NSA estadounidense. Así, la
información se ha convertido en un tráfico de influencia para
los intereses plutocráticos (Serrano, 2010). Definitivamente,
el “sesgo científico” (saber) y el “sesgo moral” (libertad) son
indisociables, como dos caras de la misma moneda.
Toda persona que defienda, auspicie, propugne, aliente y
viva por la difusión gratuita del conocimiento así como la
libertad para toda la humanidad, está estableciendo una
conexión cuántica con la más alta energía vibratoria que
mueve a nuestro mundo y, probablemente, al universo
entero: el Amor, con mayúscula. Cuando dicho amor por el
conocimiento y por la libertad se plasma en la educación, se
puede, entonces, hablar de “educación cuántica”, una actitud
pedagógica que busca el empoderamiento consciente de los
alumnos, una tarea magníficamente emprendida por el físico
y profesor Carlos González (2011).Este profesor de física está
estableciendo las bases de La educación cuántica,
actualmente una Educación prohibida, como magníficamente
expone dicha película-documentalxxxiii. En este respecto, la
educación académica tradicional, está quedando obsoleta y
requiere de una nueva mirada pedagógica acorde a los
nuevos tiempos cuánticos. Si a ese campo cuántico se le
añade la necesaria renovación moral y espiritual, tenemos así
el fundamento epistemológico para poder hablar de La
educación cuántica.
Acaba de nacer un nuevo paradigma: La educación
cuántica, en contraposición a la educación tradicional
(nuevamente los contrarios de Heráclito). ¿Por qué es factible,
a día de hoy, hablar de La educación cuántica? Responder a
ello requiere una mirada retrospectiva en la historia reciente
a través de una filosofía crítica, es decir, como pensamiento
divergente y alternativo al pensamiento único neoliberal que
ha dominado la reciente historia de Occidente.
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