martes, 12 de marzo de 2019

Hacia una nueva cosmovisión.



Dicha erudición filosófica, ahora, tiene que ser
corroborada mediante una renovada visión de la ciencia y la
espiritualidad, y a ello vamos a dedicar la presente obra. La
filosofía y luego las ciencias, han trabajado arduamente para
despejar bastantes incógnitas sobre el conocimiento del
sentido de la vida, sin embargo, dicha cuestión para nada
está resuelta como acredita el actual declive civilizatorio. La
humanidad necesita repensarse a sí mismo: hay una crisis
de valores morales por encima de la crisis económica y
política. Socialmente, ese repensar colectivo es un incipiente
paradigmav que se está abriendo paso gracias al movimiento
altermundistavi representado por el Foro Social Mundial, para
hacer de contrario, en términos de Heráclitovii, al
pensamiento único neoliberalviii. Pero filosófica y psicológicamente, es el movimiento “transpersonal”, un
paradigma surgido como “cuarta fuerza” de la psicología,
quien aporta las bases epistemológicas para hacer frente al
caduco pensamiento occidental. La racionalidad pragmática
inserta en este depredador capitalismo es un cáncer para las
relaciones humanas. El infinito crecimiento económico y la
competencia desleal, ambos incentivados por el imperialismo
de unos pocos estados mediante las guerras, esclaviza al
resto de la humanidad en la más absoluta miseria, pobreza e
ignorancia, impidiendo con ello dar un sentido coherente a la
vida (Klein, 2007). Es imperativa una reprogramación de la
intelectualidad humana, tesitura que están intentando
diversos científicos y pensadores, entre los que me incluyo.
Mi propuesta es que el “sesgo moral” es más importante
que el “sesgo científico”, secuestrado este por los poderes
fácticos, y haciendo cierto con ello el aforismo anticipado por
Aristóteles: “El saber es poder”. Así, las eufemísticas
democracias, en realidad, se hallan bajo una plutocracia
donde Los amos del mundo ejercen un terrorismo financiero
(Navarro, 2012). Hay un racionalismo pragmático desde los
poderes fácticos que se sustenta en el secuestro del saber y
la democracia (Rubiales, 2005) así como los medios de
información (Chomsky, 2002), al servicio ello de un
depredador capitalismo. La irremediable consecuencia es que
la moralidad ha sido ajada, deviniendo entonces en una
“modernidad líquida” al decir del sociólogo Bauman (2007)
para definir el estado fluido y volátil de la actual sociedad, sin
valores demasiado sólidos, en la que la incertidumbre por la
vertiginosa rapidez de los cambios ha debilitado los vínculos
humanos. Lo que antes eran nexos potentes, ahora se han
convertido en lazos provisionales y frágiles. En palabras de
Marx, sería la perdida de la conciencia de clase.
Educación cuántica.

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