Si el cambio comienza por uno mismo, ¿por dónde
comenzar? Hay personas quienes pensamos que otro mundo
es posible desde el surgimiento de la física cuántica, pues es
todo un giro copernicanoxxiii en la mirada desde el “ver para
creer” al “creer para ver”, de la razón a la espiritualidad, de
ahí los peyorativamente denominados “místicos cuánticos”
por la comunidad científica servil a los poderes fácticos. Sin
embargo, son cada vez más los díscolos científicos que escapan del materialismo científico para convertirse en
“pensadores cuánticos”, cuyo único pecado es haber aunado
la razón con la espiritualidad, no entendida exclusivamente
en su acepción religiosa, sino como la intersubjetividad
kantiana magníficamente expuesta en su imperativo
categóricoxxiv, un amor también profesado por santos, budas,
yoguis o místicos. En suma, se trata de una metamorfosis de
la racionalidad pragmática a la racionalidad espiritual, de una
trascendencia desde la filosofía tradicionalmente impartida
en el actual sistema educativo hacia la filosofía
transpersonal: un cambio de paradigma magistralmente
argumentado por Ken Wilber (2005b) en su obra Sexo,
Ecología, Espiritualidad.
Las ideas de esos “místicos cuánticos” están alineadas con
una visión holística de la naturaleza, en un profundo
sentimiento simbiótico y de compasión con todo lo existente
en este y otros mundos. Se trata de una experiencia inefable
percibida en la propia conciencia, experiencias cumbres para
unos, místicas para otros, que da alas para luchar por el
librepensamiento y la libertad natural, ambas secuestradas
por los poderes fácticos y las religiones, una eterna lucha por
la verdad frente a las mentiras, entre la sabiduría y la
ignorancia, siempre los perennes contrarios propuestos por
Heráclito, como si de un mandato epistemológico por superar
se tratara, en el que la humanidad todavía no ha logrado
sintetizar la razón con el espírituxxv, ni sabremos si lo logrará.
En cualquier caso, La educación cuántica es una humilde
pretensión en dicho sentido.
Este ensayo tiene el propósito de evidenciar que la
humanidad se halla ante un nuevo paradigma de
conocimiento lo cual requiere, inherentemente, de un
revisionismo histórico, social, intelectual, filosófico, espiritual
pero, eminentemente, psicológico. Así, dicho revisionismo
supone la sanación del ego fragmentado y disociado de la
colectividad, la gran esperanza de La educación cuántica para
sanar a este decrépito mundo. Para ello, más que nunca
serán necesarias las “mentes cuánticas”, aquellas que aúnan
la racionalidad con la espiritualidad, las que saben que todo
conocimiento surge de la profundidad de todo ser humano
cuando se pone la razón al servicio del amor. Porque bastan unos pensamientos positivos para sanar al ego herido, y
sanar también de paso a ese mundo de ahí fuera.
Educación cuántica.
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