martes, 18 de junio de 2019
ANSIEDAD, ESTRÉS. ¿HABLAMOS DE LO MISMO?
Todos necesitamos cierta dosis de presión en nuestras vidas, y eso no tiene nada
de tóxico. Al igual que las cuerdas de un violín, que para sonar afinadas deben estar
tensas, porque demasiado flojas no sonarían y demasiado estiradas se romperían, el
ser humano necesita también una tensión básica.
Pero cuando la presión o los estímulos recibidos son muchos de repente o pocos
pero prolongados durante mucho tiempo, o la combinación de ambos, se produce un
desequilibrio y sobreviene el estrés.
Un estímulo estresante puede ser desde tener que presentarse a un examen hasta
tener que hacerse cargo de la familia por la muerte de un ser querido o vivir durante
años con una pareja que no nos habla, etcétera. Dependerá entonces del tiempo y de
la intensidad con que se viva.
«Vivir un momento estresante» no es lo mismo que «vivir estresado». Lo primero
es normal, inesperado y generado por el ambiente, mientras que lo segundo, vivir
estresado, es tóxico, buscado y generado por nosotros mismos porque se ha
convertido en un hábito y «no sabemos» vivir de otra manera. El estrés surge cuando hay excesivas demandas exteriores y tu organismo no
alcanza a hacerles frente. Es una tensión, una presión física o mental que rompe el
equilibrio.
Un estudio realizado durante diez años en Estados Unidos con personas que no
podían controlar su estrés emocional dio como resultado que la persona estresada
tiene un 40 % más de probabilidad de muerte. Solo en Argentina, se consumen
millones de tranquilizantes por año. Cada vez que el cuerpo recibe un estímulo exterior, se activan dos hormonas: la
adrenalina y el cortisol.
La adrenalina es la hormona que te provee de energía y fuerza y que, al correr
por el cuerpo, te hace sentir inmortal, que puedes lograr todo lo que quieras. Dicha
energía te acelera, eleva tu nivel de excitación, de deseo y de entusiasmo, y agudiza tu visión. Cuando una persona guarda durante meses ira, rencor, cuando soporta
maltratos durante años y sus heridas se acumulan, la adrenalina se activa en dosis
grandes y frecuentes, y actúa como un veneno.
El cortisol es una hormona buena, pero, al elevar de forma excesiva el nivel de
azúcar en la sangre, puede hacerte que aumentes de peso y tus huesos pierdan
calcio, magnesio y potasio.
Las personas que han experimentado muchas presiones a lo largo de su vida
pueden hacerse adictas a la adrenalina y sus cuerpos la generan naturalmente. Se
identifican por su violencia, necesitan sentir presión y, por lo general, practican
deportes de riesgo y siempre están en busca de peleas.
Esto explica que alguien que durante años sufrió conflictos de pareja, un padre
violento o una madre depresiva, nunca logre relajarse por completo y busque
permanentemente un motivo de discusión, porque su cuerpo pide adrenalina.
Todos reaccionamos a los estímulos de manera diferente y dependerá de cómo
interprete cada uno lo que ocurre en la vida. Algunas personas se estresan frente a
determinadas tareas mientras que otras, en esa misma situación, no, porque a pesar
de que el estímulo es el mismo, la percepción es distinta.
Emociones tóxicas/ Stamatea
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