sábado, 15 de junio de 2019
LA ANSIEDAD TÓXICA
La ansiedad es la emoción que aparece cuando sientes que se acerca una amenaza,
cuando visualizas el futuro de manera negativa y, en consecuencia, intentas
prepararte para hacerle frente.
La ansiedad se apoderará primero de nuestra mente y luego de nuestro cuerpo.
Por ejemplo, antes de un examen comenzamos a estar inquietos, y luego aparecen los
famosos dolores de cabeza, el malestar estomacal, el sudor, etcétera.
La ansiedad como reacción normal nos permite afrontar una presión externa y se
presenta acompañada de aquellos temores que todos tenemos y que nos preservan
ante una amenaza o peligro. Por ejemplo, si se acerca el examen, la ansiedad nos
puede poner en alerta para prepararnos mejor (y estudiar).
Ahora, ¿qué nos sucede cuando pasamos de vivir un momento de ansiedad a vivir
ansiosos? Alguien excesivamente ansioso ve cada situación nueva, cada cambio, cada
desafío que le toca vivir, como una tortura y experimenta un gran sufrimiento
interior.
La ansiedad crónica es tóxica. El problema surge cuando la ansiedad se convierte
en un temor excesivo e irracional a situaciones que afrontamos diariamente.
Entonces, pasa a ser una emoción tóxica.
Esta emoción puede llevar al desánimo, a la tristeza e incluso a la depresión, o al
otro extremo, a vivir completamente acelerado. En cualquiera de los dos casos, la
expectativa será que el resto siga ese ritmo, lo cual generará a su vez problemas
interpersonales.
Realiza la siguiente autoevaluación. Piensa cuántas veces has experimentado
miedo, angustia, preocupación frente a una situación de tensión en el trabajo, frente
a un viaje, a un examen. ¿Esto te resulta familiar? La ansiedad es un estado
emocional tóxico que hace que una persona sienta inquietud o temor.
Cuando se ansía mucho algo, es fácil desanimarse y sentir que nada tiene sentido o
vale la pena. Con esta emoción a flor de piel, nos costará mucho más alcanzar las
metas que nos propongamos. La ansiedad no solo nos impide experimentar
emociones positivas, como la alegría o el amor, sino que no nos permite disfrutar de
la vida al máximo.
Si ya te vas identificando con todo esto, vayamos al siguiente paso. Ahora la clave
es descubrir dónde comienza esta ansiedad negativa para que, una vez la
reconozcamos, podamos superarla y asumir lo que nos toque pasar de la mejor
forma posible y de la manera menos tóxica.
En principio, descubriremos que el comienzo se da siempre en la mente. ¿Alguna
vez has prestado atención a tus pensamientos? Si no lo has hecho, tómate tu tiempo
para ver en qué estás pensando y qué es lo que «te da vueltas en la cabeza» la
mayoría de las veces. Ahí está la clave de la ansiedad: en tus pensamientos, en
aquellos pensamientos que tu cerebro, de manera equivocada, interpreta como reales.
Y aunque tu razón sepa que no son verdaderos, los crees a nivel emocional, es decir,
que sientes que son verdad.
Si tu cerebro cree que va a suceder algo malo, empezará a enviar síntomas de
ansiedad. Existe un proverbio anónimo que dice: «No puedes evitar que los pájaros
de la preocupación y la inquietud vuelen sobre tu cabeza. Pero puedes impedir que
aniden en tus cabellos.» No te contamines con todo aquello que no sirve, aprende a
descartar de tu mente todo aquello que intoxica tus emociones.
Emociones tóxicas/Stimatea.
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