martes, 11 de junio de 2019
Pensamientos rígidos
Quienes viven con culpa establecen dentro de sí pensamientos rígidos, normas
inflexibles y principios imposibles de alcanzar cuyo objetivo final es boicotear el
éxito, obligándose así a vivir en medio de un fracaso continuo.
Se trata de pensamientos que terminan haciéndote creer que el objetivo
fundamental de tu vida es permanecer y subsistir como puedas, distrayéndote de
esta forma de lo fundamental de la existencia: crecer, multiplicarte y cumplir tus
sueños. Esta estructura de pensamiento se detendrá en los errores o fracasos que
por los que hay as atravesado sin recordar ningún obstáculo ni circunstancia difícil
que hayas superado en el pasado.
Nos sucede a todos: sin darnos cuenta nos sometemos a mandatos, voces
internas y externas que nos colocan en un lugar desde el cual la posición de
víctima o de culpable es la que mejor nos queda. Los otros se transforman en
responsables de nuestro destino y así dejamos de hacernos cargo de nuestros
propios objetivos. De esta forma obtenemos el beneficio secundario de depositar
en el otro toda la culpabilidad de nuestros desaciertos y desdichas y de hacer de
nosotros pobres seres humanos errantes y carentes de valor y dominio propio
para decidir sobre nuestro hoy y nuestro mañana. Nos aferramos a dichos y
voces:
Mis padres me repitieron durante años que por haberme tenido no
pudieron estudiar.
Mis padres me decían: no dejes la comida en el plato, piensa que hay
chicos en África que se mueren de hambre.
Siento culpa por haber sido abusada sexualmente.
Me siento culpable por la separación de mis padres.
Siempre remarcaban mis errores y por eso me sentía culpable todo
el tiempo.
Tuve un padre ausente toda mi vida y debí hacerme cargo de mis
hermanos, pero no supe cómo; yo tengo la culpa de sus situaciones
actuales.
Todas éstas son maneras sutiles de transmitir las culpas que nos detuvieron en
el camino hacia la búsqueda de la felicidad y del bienestar que nos merecemos.
Son culpas ajenas generadoras de insatisfacciones continuas. Son culpas que se
alimentan de mandatos externos y sociales y de emociones internas no resueltas
que siguen teniendo poder y valor sobre nuestras vidas. Hay personas que han
sido criadas en familias que las han hecho responsables de la separación de los padres, de la pérdida del trabajo de la madre que en un momento decidió
quedarse en su hogar para cuidarlas o de las frustraciones profesionales de sus
tutores. Y así podríamos seguir enunciando los mandatos que cada familia se
encargó de transmitir a tantas personas.
Se trata de creencias culturales que jamás te permitieron alcanzar ni disfrutar
en absoluto de nada. Son las exigencias que demandaban que dieras más,
siempre un poco más, y claro, como no pudiste alcanzar ese parámetro de
perfección, terminaste ubicándote en el lugar de la víctima, acarreando culpas
que no te correspondían.
En este punto es necesario que nos detengamos. Lo que decidimos escuchar y
aceptar como nuestro es lo que nos enferma y nos detiene.
Ten en cuenta que con lo que aceptamos, anulamos, postergamos o generamos
nuestro éxito.
¿Quién maneja el control remoto de tus emociones y pensamientos?, ¿quién
decide qué pensar, qué sentir?
Sólo tú. Dependerá de ti, de tu decisión de ubicarte en un lugar de víctima o
de poder sobre tu propia vida.
Las personas suelen decir:
El día me puso mal.
Mi jefe me sacó de quicio.
Me arruinaste la jornada.
Hoy me saturaste.
Si escuchas estas frases es porque colocaste el poder que tienes sobre tus
propias emociones en los demás. Así es como son los otros quienes terminan
controlando cómo te vas a sentir o qué es lo que vas a hacer.
Aceptando este trato, cualquiera podrá decirte qué hacer y qué no; los demás
podrán manejarte y lastimarte con permiso, sí, con el permiso que tú les diste al
ceder el lugar de control y poder sobre tu vida.
No fuimos creados para vivir de limosnas, ni lisiados de afectos. Nadie tiene
derecho a castrar nuestros sueños más profundos ni a asegurar qué es lo que nos
conviene o no. La felicidad y el éxito, la desdicha y el fracaso serán el resultado
sólo de tus propias decisiones.
Todo lo que hay as dejado de lado para conformar a los demás puede ser
recuperado si te lo propones y decides no postergar más tu deseo. Muchas veces
no somos felices porque estamos ocupados tratando de agradar a los otros o
encargándonos de responsabilidades equivocadas, que pertenecen a terceros.
Consumimos todo nuestro tiempo erróneamente y cuando queremos saber
adónde se fueron tantos años de nuestra vida, cuando necesitamos apuntar lo que
hicimos en el transcurso de la misma, nos damos cuenta de que malgastamos el tiempo que necesitábamos para ocuparnos de lo prioritario e importante: nosotros
mismos.
Desperdiciamos más horas tratando de conformar y gustar a los otros que en
ocupamos de nuestra propia vida.
Y en esa vorágine de ser aceptados nos olvidamos de que primero
necesitamos respetarnos a nosotros mismos y aprobarnos para poder ser
aceptados por el resto.
El cielo va a estar lleno de gente buena, ¿pero de cuántos hombres justos y
exitosos que cumplieron con su propósito?, ¿de cuántos hombres que a partir de
sus logros supieron convertirse en mentores de otros?
Si te aferras a tu propósito lograrás hacer lo que nunca hiciste, y entonces
todo fracaso o error será transformado en entendimiento y progreso.
Gente toxica /Stimatea
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario